'Okupas' de lujo en París
Una treintena de 'okupas' se han instalado en un palacete para protestar por los precios de la vivienda en la capital gala.
Junto a la que fue la casa del literato Victor Hugo, en un palacete de 3.000 metros cuadrados en el que en el siglo XVII nació la marquesa de Sévigné, se han instalado una treintena de okupas para protestar por el desorbitado precio de la vivienda en París.
La plaza de los Vosgos, uno de los rincones más señoriales y más visitados de París, cuenta desde hace un mes con nuevos vecinos, que compartirán panadería y buzón con personalidades como el ex ministro francés de Cultura Jack Lang o el arquitecto italiano Renzo Piano, ganador del premio Pritzker. Se trata de un grupo de jóvenes militantes del colectivo Jeudi Noir (Jueves Negro), una asociación creada hace tres años para denunciar la imposibilidad de alquilar una vivienda digna a un precio decente en París y que se ha acomodado en un edificio al que han bautizado como "La Marquesa".
Desde las ventanas de esta mansión de tres pisos, situada en un entorno concebido por el monarca Enrique IV, una espectacular vista panorámica descubre a cientos de turistas paseando por este coqueto rincón del centro de París. Es lo que se ve desde lo que los okupas han convertido en su espacio de reunión común, un salón de suelo y techo de madera al que se accede a través de una terraza de unos cuarenta metros cuadrados que se asoma al patio interior de La Marquesa, convertido en un lujoso islote gratuito en una ciudad con precios prohibitivos.
"Dieciséis metros cuadrados pueden costar 600 euros. Depende del lugar, evidentemente, pero de ese orden", explica Joaquín, un estudiante colombiano-francés de quinto curso de arquitectura que se unió a Jeudi Noir el pasado verano. Hace un mes, los militantes del colectivo advirtieron que La Marquesa no estaba habitada y comenzaron a indagar. Descubrieron que la propietaria, una mujer de 87 años procedente de una familia de financieros, hace más de cuarenta años que tiene el edificio vacío, indica Laurent, otro de los okupas. Existió un proyecto de remodelación e, incluso, se dividió la mansión en pequeños estudios con la intención de alquilarlos por separado, pero la iniciativa nunca cristalizó.
"Más que una solución de vivienda, esto es un acto político donde se declara que es insoportable ver edificios vacíos de este tamaño. Aquí caben perfectamente treinta personas", asegura Joaquín, que, aunque ha encontrado un apartamento en el que poder concentrarse para terminar sus estudios, sigue militando. Pero, para otros, vivir en La Marquesa es también una necesidad, explica Jonathan, un joven recién licenciado en mediación cultural que intenta iniciarse en el mundo del cine, un sector costoso que no le permite pagar un alquiler.
La okupación de La Marquesa ha supuesto el mayor golpe mediático del colectivo, una asociación que sabe convertir a la prensa en altavoz y escudo ante la presión política o policial. "A partir del momento en que hay periodistas, la Policía no se mete tanto. El Estado mide sus actos, mucho, por la presencia de los medios", comenta Joaquín. Con esa protección, los militantes de Jeudi Noir negocian con los abogados de la propietaria una solución que les permita pasar el mayor tiempo posible en la casa.
Mientras, ofrecen visitas guiadas a los curiosos y se plantean crear un jardín común que puedan disfrutar las escuelas aledañas, entre otros proyectos, aunque mantienen la incertidumbre sobre cuándo se pinchará la nube que les permite vivir "como marqueses". "No lo sé. Tal vez una semana, tal vez un mes, tal vez varios meses...", titubea Laurent.
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