Confirman la presencia del tiburón blanco en el Mediterráneo español: características de este gran depredador oceánico
El hallazgo, verificado mediante análisis genéticos, aporta nuevos datos sobre la distribución de la especie, catalogada como vulnerable en el Mediterráneo occidental.
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El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) vuelve a situarse en el foco científico tras la confirmación de un nuevo registro en el Mediterráneo español. Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz, han documentado la captura accidental de un ejemplar juvenil en 2023, un hallazgo que refuerza la evidencia de la presencia ocasional de esta especie en aguas nacionales.
El estudio, publicado recientemente en la revista científica Acta Ichthyologica et Piscatoria, aporta nuevos datos sobre la distribución de uno de los grandes depredadores marinos, considerado vulnerable en el Mediterráneo occidental.
El ejemplar, de aproximadamente dos metros de longitud, fue capturado de forma fortuita en abril de 2023 dentro de la Zona Económica Exclusiva española. La identificación se confirmó mediante análisis genéticos, lo que convierte este caso en uno de los escasos registros verificados científicamente en las últimas décadas en España.
Según explica José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y primer firmante del trabajo, el punto de partida fue la información facilitada por profesionales del sector pesquero, con quienes el instituto mantiene una colaboración continuada. El científico subraya que sin esa cooperación sería muy difícil detectar y estudiar este tipo de apariciones poco frecuentes.
Para contextualizar el hallazgo, el equipo realizó además una revisión detallada de referencias históricas y evidencias indirectas desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. El análisis concluye que el tiburón blanco mantiene una presencia persistente aunque extremadamente rara en el Mediterráneo español, donde su detección es poco habitual.
En cuanto al estado de la población, los investigadores llaman a la prudencia. Con la información disponible, señalan, no puede afirmarse que la especie esté experimentando una recuperación en esta cuenca. El nuevo registro podría estar relacionado con una mejora en los sistemas de seguimiento y comunicación, más que con un incremento real del número de ejemplares.
El hecho de que se trate de un individuo juvenil reviste especial interés científico, ya que aporta pistas sobre la estructura demográfica de la especie en el Mediterráneo. No obstante, los autores advierten de que todavía no existen datos suficientes para confirmar la presencia de posibles áreas de cría en aguas españolas, una cuestión que requeriría programas específicos de seguimiento a largo plazo.
Los investigadores recuerdan asimismo que, a lo largo de más de 160 años de registros documentados en España, los incidentes con personas han sidoexcepcionales, lo que confirma que el tiburón blanco no supone un riesgo significativo para la población en las costas españolas.
Más allá de su carácter emblemático, el tiburón blanco desempeña un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Como gran depredador y especie altamente migratoria, contribuye a la regulación de otras poblaciones y a la conexión entre distintas regiones oceánicas. El estudio insiste en la necesidad de continuar reforzando los programas de investigación y conservación basados en evidencia científica.
Un depredador de aspecto inconfundible
El tiburón blanco está considerado el pez depredador más grande del planeta. Su silueta robusta y aerodinámica, en forma de torpedo, le permite desplazarse con potencia y velocidad. Presenta un dorso grisáceo y un vientre blanco, una combinación que actúa como mecanismo de camuflaje —conocido como contrasombreado—: oscuro por encima para confundirse con el fondo marino y claro por debajo para pasar inadvertido ante la luz que penetra desde la superficie.
Puede alcanzar entre cuatro y siete metros de longitud y superar las dos toneladas de peso. Las hembras, por lo general, son de mayor tamaño que los machos y pueden sobrepasar con frecuencia los cinco o seis metros.
Su cabeza termina en un hocico cónico y alberga varias hileras de dientes triangulares y aserrados, que se renuevan de manera continua. La potencia de su mandíbula le permite desgarrar grandes presas, ya que no mastica, sino que arranca fragmentos de carne que ingiere en trozos.
En cuanto a sus capacidades sensoriales, posee un olfato extremadamente desarrollado, capaz de detectar concentraciones mínimas de sangre a gran distancia. Además, cuenta con electrorreceptores que perciben los campos eléctricos generados por otros animales, lo que facilita la localización de presas incluso cuando no están a la vista.
Habita en aguas templadas de todos los océanos, tanto en zonas costeras como en mar abierto. Para respirar, necesita mantenerse en movimiento constante, asegurando así el flujo continuo de agua a través de sus branquias.
Su dieta incluye mamíferos marinos como focas y delfines, además de peces y tortugas. Como superdepredador, ocupa la cima de la cadena trófica y resulta clave para la estabilidad de los ecosistemas donde está presente.
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