Tesoro celta en Suiza: hallan miles de monedas de oro y plata de más de 2.300 años en un pantano
Arqueólogos descubren miles de piezas de oro y plata en las dolinas de Bärenfels, en un excepcional estado de conservación
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Un equipo internacional de arqueólogos ha localizado en el pantano de Bärenfels, en Suiza, miles de monedas celtas de oro y plata con una antigüedad aproximada de 2.300 años. Las piezas permanecieron ocultas bajo el agua durante más de dos milenios y su excepcional estado de conservación las convierte en uno de los descubrimientos numismáticos más relevantes de la Edad del Hierro en Europa Central. El hallazgo proporciona información valiosa sobre las prácticas rituales, económicas y comerciales de las antiguas sociedades celtas.
El descubrimiento se produjo tras meses de excavaciones en las dolinas inundadas del pantano de Bärenfels, un lugar históricamente considerado sagrado para las poblaciones prehistóricas. Los investigadores, junto con voluntarios, identificaron anomalías en el terreno y señales de antiguos yacimientos que les llevaron a iniciar las prospecciones. El lodo y el agua que cubrieron el sitio durante siglos actuaron como agentes naturales de preservación, permitiendo que las monedas mantuvieran su integridad estructural y sus motivos decorativos prácticamente intactos.
Entre los objetos recuperados figuran estateros completos y fraccionarios, monedas típicas de la cultura celta de la Edad del Hierro con un considerable valor tanto simbólico como económico. Según Archaeology Baselland, las piezas datan de mediados y de la segunda mitad del siglo III a.C., y forman parte de un grupo reducido de poco más de 20 ejemplares documentados en todo el territorio suizo. Esta circunstancia convierte el hallazgo en excepcional desde el punto de vista de la numismática europea y amplía significativamente el catálogo de objetos monetarios de este periodo.
Características y origen de las monedas encontradas
Las monedas halladas en Bärenfels presentan características que reflejan la influencia de las culturas mediterráneas en los pueblos celtas. Los estateros recuperados muestran iconografías que recuerdan a las monedas macedonias, con representaciones de dioses clásicos y motivos de caballos o carros, aunque adaptados al estilo artístico propio de las comunidades celtas. Esta fusión indica que los celtas no solo adoptaron el concepto de moneda de las civilizaciones mediterráneas, sino que lo reinterpretaron con su propio lenguaje visual y simbólico.
Dos de las piezas destacan por sus características físicas diferenciadas. Una de ellas pesa 7,8 gramos, mientras que la otra apenas alcanza los 1,86 gramos. Ambas se conservan en un estado excepcional, lo que ha permitido a los expertos identificar con claridad sus motivos decorativos y determinar su origen geográfico. El análisis preliminar sugiere que estas diferencias de peso podrían corresponder a diferentes denominaciones dentro del sistema monetario celta o a distintas funciones, comerciales o rituales.
El descubrimiento se enmarca en una época de intensos intercambios culturales y comerciales en Europa, cuando los pueblos celtas mantenían contacto regular con las culturas griega y macedonia. Algunos expertos en numismática antigua sugieren que la introducción de monedas en Europa Central está directamente vinculada a mercenarios celtas que regresaban de campañas militares en Grecia, llevando consigo elementos del sistema monetario griego que posteriormente fueron adaptados a las necesidades y creencias de sus comunidades de origen.
Implicaciones arqueológicas del descubrimiento
El hallazgo en el pantano de Bärenfels representa un hito para la arqueología europea por varias razones. En primer lugar, amplía significativamente el conocimiento sobre la estructura social, religiosa y económica de los pueblos celtas durante la Edad del Hierro. Hasta ahora, se consideraba que los celtas utilizaban monedas principalmente en contextos comerciales, pero la ubicación del tesoro en un pantano con connotaciones sagradas sugiere un uso más complejo y simbólico del metal precioso.
La presencia de miles de monedas en un lugar considerado sagrado apunta hacia prácticas rituales de deposición votiva, un fenómeno bien documentado en otras culturas de la época pero cuya extensión entre los celtas no estaba completamente confirmada. Los pantanos y lagos tenían para estas comunidades un significado religioso especial, y el depósito de objetos valiosos en estos lugares se interpretaba como una ofrenda a las divinidades o como parte de ceremonias rituales relacionadas con la fertilidad, la guerra o la transición entre la vida y la muerte.
Debido a su estado de conservación, muchas de las monedas serán sometidas a análisis detallados mediante técnicas no invasivas para identificar su composición exacta, procedencia geográfica y posibles rutas de intercambio. Los primeros estudios han despertado especial interés entre los numismáticos europeos, quienes ven en estas piezas un vínculo tangible entre distintas zonas culturales del continente durante un periodo histórico crucial para la formación de identidades culturales regionales.
Qué son los estateros celtas
Los estateros constituían la unidad monetaria principal de los pueblos celtas durante la Edad del Hierro. Estas monedas, generalmente fabricadas en oro o electro (una aleación natural de oro y plata), derivaban de los modelos griegos y macedonios que los celtas conocieron a través de contactos comerciales y militares. El término "estatero" proviene del griego "statḗr", que significa "peso" o "balanza", y hace referencia a su función original como patrón de medida de valor.
Los estateros celtas presentaban características distintivas que los diferenciaban de sus modelos mediterráneos. Mientras que las monedas griegas y macedonias mostraban representaciones realistas de gobernantes y dioses, las versiones celtas tendían a la estilización y la abstracción geométrica. Los motivos más comunes incluían caballos, carros de guerra, símbolos solares y representaciones esquemáticas de figuras humanas. Esta reinterpretación artística refleja las diferencias culturales y religiosas entre los pueblos celtas y las civilizaciones mediterráneas.
Además de su función económica, los estateros tenían un importante valor simbólico y ritual. No todas las transacciones en las sociedades celtas se realizaban mediante moneda; el trueque y otros sistemas de intercambio continuaron siendo habituales. Las monedas se utilizaban frecuentemente en contextos ceremoniales, como ofrendas votivas, pagos rituales o símbolos de estatus y poder político. Su presencia en enterramientos y depósitos votivos, como el hallazgo de Bärenfels, confirma esta dimensión simbólica que trascendía el mero uso comercial.
Conservación y difusión del patrimonio descubierto
Las autoridades arqueológicas suizas han anunciado que parte del tesoro será exhibido en museos especializados de arqueología y numismática, permitiendo al público conocer de cerca estas piezas históricas únicas. La exposición incluirá explicaciones detalladas sobre el contexto del hallazgo, el significado de las monedas en la sociedad celta y su relación con las creencias y la economía de la antigüedad. Los responsables del proyecto consideran fundamental que el descubrimiento trascienda el ámbito académico y llegue a la ciudadanía.
El proyecto de difusión contempla además la creación de recursos educativos digitales que permitan el acceso virtual a las piezas y su contextualización histórica. Se prevé la elaboración de reconstrucciones tridimensionales de las monedas, vídeos explicativos sobre las técnicas de excavación empleadas y materiales didácticos para centros educativos. Este tipo de iniciativas no solo promueven la preservación del patrimonio arqueológico, sino que también fomentan el interés por la historia antigua entre las nuevas generaciones.
Los trabajos de excavación en el pantano de Bärenfels continúan, ya que los arqueólogos estiman que podrían quedar más objetos por descubrir en las capas inferiores del lodo. El equipo internacional que coordina las labores ha solicitado financiación adicional para ampliar el área de prospección y emplear técnicas de detección más avanzadas. Las expectativas son altas, considerando que el pantano pudo ser un lugar de deposición ritual utilizado durante varios siglos, lo que podría significar la presencia de materiales de diferentes periodos históricos.
¿Cómo llegaron las monedas griegas a territorio celta?
La presencia de influencias griegas y macedonias en la numismática celta plantea interrogantes sobre los mecanismos de transmisión cultural en la Europa de la Edad del Hierro. La hipótesis más aceptada por los investigadores señala que mercenarios celtas que participaron en conflictos del Mediterráneo oriental durante los siglos IV y III a.C. regresaron a sus territorios de origen llevando consigo no solo monedas, sino también conocimientos sobre su fabricación y uso.
Las fuentes históricas griegas y romanas mencionan la participación de guerreros celtas en diversos conflictos de la época helenística. Estos soldados recibían su paga en moneda, principalmente estateros de oro de tipo macedonio, que posteriormente circulaban en Europa Central. El contacto prolongado con las culturas mediterráneas permitió a los celtas familiarizarse con el sistema monetario, que gradualmente comenzaron a adaptar a sus propias necesidades económicas y culturales.
Además de la vía militar, las rutas comerciales terrestres y fluviales jugaron un papel fundamental en la difusión de las monedas. Los pueblos celtas controlaban importantes corredores comerciales que conectaban el Mediterráneo con el norte de Europa, facilitando el intercambio no solo de mercancías, sino también de ideas, tecnologías y sistemas de organización económica. Este proceso de aculturación selectiva permitió a las sociedades celtas incorporar elementos foráneos sin perder su identidad cultural distintiva.
¿Por qué los celtas depositaban objetos valiosos en pantanos?
La práctica de depositar objetos de valor en pantanos, lagos y otros entornos acuáticos está ampliamente documentada entre los pueblos celtas de la Edad del Hierro. Estos lugares tenían una significación religiosa especial, considerándose puntos de conexión entre el mundo terrenal y el reino de las divinidades. Las aguas estancadas o de corriente lenta se percibían como umbrales místicos donde lo humano y lo divino podían entrar en contacto.
Los arqueólogos han recuperado en pantanos de toda Europa Central y Occidental una variedad extraordinaria de objetos votivos: armas, joyas, calderos, carros desmontados y, como en el caso de Bärenfels, monedas. La diversidad de materiales sugiere que las ofrendas respondían a diferentes motivaciones: peticiones de protección, agradecimiento por victorias militares, ritos de fertilidad o ceremonias relacionadas con el ciclo agrícola. El valor intrínseco de los objetos depositados reflejaba la importancia de la petición o el agradecimiento que se deseaba expresar a las divinidades.
La conservación excepcional de materiales orgánicos e inorgánicos en los ambientes anaeróbicos de los pantanos ha permitido a los arqueólogos recuperar información que en otros contextos se habría perdido. Las condiciones químicas del agua y el lodo, con bajos niveles de oxígeno y pH ácido, inhiben la actividad de microorganismos que normalmente descomponen los materiales. Paradójicamente, los lugares elegidos por los celtas para sus ofrendas rituales se han convertido en cápsulas del tiempo que preservan testimonios únicos de sus creencias y prácticas culturales.
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