Chaves resiste, y Arenas también
Nadie habla ya de la sucesión de Chaves. Ahora lo consideran el valor más seguro del PSOE.
JUAN MANUEL MARQUÉS Subdirector de Publicaciones
del Grupo Joly
Imaginen que días antes de las elecciones autonómicas del 9 de marzo, a un analista político le llega a su despacho un sondeo certero que coincidirá poco después con los resultados exactos de los comicios. Esto es: el PSOE de Manuel Chaves revalida la mayoría absoluta después de 18 años al frente del Gobierno andaluz; Javier Arenas falla en su tercer intento de llevar al PP a la Presidencia; IU se queda tal cual, y los andalucistas, que acudían bajo la marca Coalición Andalucista, salen del Parlamento por primera vez desde que se instauró la autonomía en Andalucía. Nuestro analista ficticio, Manuel Caracuel, andaluz afincado en Madrid, dirigió una reputada empresa de demoscopia y hoy se dedica al asesoramiento empresarial porque gana mucho más dinero, aunque por vocación sigue dando clases en la Facultad de Ciencias Políticas y además escribe en varios periódicos nacionales.
– Y, bien, Manuel, tú que eres un fenómeno, tú que pronosticastes la desaparición de UCD, la victoria pelada de José María Aznar en 1996 y la mayoría de aquel diputado desconocido de León que se llamaba Rodríguez Zapatero incluso antes de los antentados de Atocha... ¿qué me cuentas de esto?
– Pues que ésta va a ser la última legislatura de Manolo Chaves. El PSOE lleva gobernando Andalucía 26 años y él va por los 18, por lo que llegará a los 22. Ya está bien, se puede retirar como un señor. Debe rondar los 65 años. ¿No? Gobernará de modo fácil, es posible que haya un tapado o una tapada para su sustitución, y él podrá dedicarse a la presidencia de su partido, a las relaciones internacionales o a lo que quiera. Me han dicho que está encantado con su nieta. Tú sabes que esas cosas también pesan. Es posible que recomponga su Gobierno para quitarse peso de encima. Lo de los andalucistas casi me lo esperaba, pero no tanto. La verdad es que, entre sus peleas y el poco gancho del candidato, ¿Julián Álvarez?, es normal que perdieran casi todos los parlamentarios, pero todos... Quizás pudieran conservar el de Cádiz. O el de Sevilla. Quedarse como fuerza extraparlamentaria puede ser un paso casi irreversible. Y de Arenas, qué te voy a contar. Ha fallado por tercera vez, ni siquiera ha logrado quitarle la mayoría absoluta a Chaves... No sé si habrá alguien que le levante la voz en Andalucía, pero lo lógico es que vaya de retirada, aunque todo depende de lo que ocurra aquí en Madrid, quizás se esté buscando algo allí. Eso: ¿Y de las elecciones generales qué sabes?
Consecuencias reales: el analista casi acierta con lo de Manuel Chaves. Obtuvo 56 parlamentarios, uno por encima de la mayoría absoluta, que es una buena cifra para relativizar los cinco escaños perdidos respecto a las elecciones de 2004.
El día de su sexta toma de posesión, lo acompañó su familia, su esposa, sus hermanos, hijos y la protagonista del día, su nieta, que salió corriendo hacia los brazos de su abuelo después del juramento. Una magnífica foto que auguraba una despedida de Chaves bien en mitad de la legislatura, bien en las próximas elecciones de 2012. Acertó también en lo de la composición del Gobierno. Por primera vez alteraba la estructura jerárquica de su gabinete con la designación de dos vicepresidentes: Gaspar Zarrías, que ya lo era, y José Antonio Griñán, que coordinaría todas las consejerías económicas. Zarrías se veía obligado a compartir algo de poder, y Griñán se apuntaba como uno de los conductores de la supuesta transición. Más: Chaves había declarado, en plena campaña, que le gustaría que una mujer fuera su sucesora. Un desliz, vale, pero se despistó en una entrevista radiofónica y por vez primera había apuntado la posibilidad de marcharse. Mar Moreno, una de las posibles candidatas, entraba en el Gobierno como consejera de Obras Públicas. Y todavía un hecho más: Chaves iba a dejar la secretaría general del PSOE de Andalucía en manos de Luis Pizarro, su hombre de confianza en el partido.
Es verdad. Hasta el mes de octubre todo avanzaba en un mismo sentido, pero tanto en el PSOE andaluz como en el seno del propio Gobierno hubo quienes comenzaron a ponerse nerviosos por si la sucesión de Chaves también les arrastraba a ellos. En definitiva, que Pizarro se conformó con la vicesecretaría y no se produjo la alternancia premonitoria en el partido; Mar Moreno se marchó a la ejecutiva federal de Madrid, y el curso de la crisis mutante (desaceleración, crisis, recesión, depresión) está obligando a Manuel Chaves a enfrentarse a una de sus legislaturas más complicadas. Nadie habla hoy de su sucesión, y casi todos apuestan por él como el valor más seguro para las elecciones de 2012.
Javier Arenas erró también al tercer intento. Pero es hábil: ganó 10 parlamentarios más, dejó su grupo con 47 escaños y rentabilizó estas ventajas sobre la derrota. Ya la misma noche de las elecciones proclamó que era el mejor resultado del PP en Andalucía, aunque no suficiente, tal como él pretendía, para que Chaves perdiera la mayoría absoluta y se viera obligado a pactar con IU. De los 10 nuevos parlamentarios, cinco procedían casi matemáticamente de la desaparición de los andalucistas. El PP, tal como temían los socialistas en las elecciones, fue el único beneficiario del declive de los andalucistas. Nadie en el PP puso en duda el liderazgo de Arenas en las primeras horas, sobre todo, porque en Madrid los resultados de su partido eran peores, y Mariano Rajoy amenazaba con dimitir e irse a su casa.
Es entonces cuando Arenas idea la estrategia para hacer frente a los oposición interna a Rajoy. Lo convence para que no se vaya (él, por supuesto, ni se lo piensa); el valenciano Francisco Camps le echa una mano muy valiosa, y lleva a su partido a un nuevo congreso, el de junio, de donde sale un PP renacido, con una dirección joven, aunque con el tiempo se vería que un tanto débil ante las aspiraciones de Esperanza Aguirre y su entorno mediático. El hombre que perdió por tercera vez contra Chaves sale respaldado del congreso de junio y en Andalucía todos cierran filas en torno suya. Ni una sola voz en su contra.
Diego Valderas se afianzó en IU. Lo habían mandado a Huelva a ganar un escaño muy difícil y lo consiguió. Y Julián Álvarez se marchó, dejando al PA, allí, en los sillones de invitados del Parlamento andaluz, mientras Chaves y Arenas volvían a interpretar sus papeles de presidente y líder de la oposición.
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