Flamenco On Fire, una cita en ascenso
música
El festival de Pamplona duplica la cifra de asistentes gracias al éxito de las iniciativas de calle y a los rostros conocidos
Poveda colgó el 'no hay billetes' en el cierre
En tan sólo cuatro ediciones, el Festival Flamenco On Fire ha logrado situar a Pamplona en el calendario estival jondo gracias al éxito de iniciativas de calle, como la del Flamenco en los Balcones, y a una programación marcada por los rostros conocidos.
A falta de conocer el balance oficial que se detallará hoy en rueda de prensa, fuentes de la organización han adelantado a este medio que la impresión general es "muy positiva", contabilizándose cerca de 20.000 asistentes a algunas de las actividades organizadas. Del total, en torno a 7.000 corresponden a los conciertos principales realizados en el Baluarte, la Sala Zentral y el ciclo nocturno Tres Reyes, con un gran contraste, eso sí, entre el buen aforo del espectáculo de Antonio Carmona o el de Carmen Linares, Arcángel y Marina Heredia Tempo de luz, el lleno absoluto con el que Miguel Poveda clausuró el domingo la cita y el escaso público que acaparó el Parque de María Luisa del guitarrista Rafael Riqueni.
El resto de asistentes se refieren al público congregado en las actividades gratuitas como el ciclo Flamenco en los Balcones o las Jam Sessions al aire libre, que han superado los 12.000 espectadores. A esto hay que sumar, además, las mas de 500 personas que han acudido a las Jornadas sobre Arte Flamenco de Pamplona.
La cifra prácticamente duplica las ofrecidas por el propio festival el pasado año, cuando se calcularon en torno a 12.000 asistentes, la mitad en los espectáculos programados y la otra en los actos paralelos, donde mayor incremento se ha experimentado en esta ocasión.
En cualquier caso, al margen de las cifras mas o menos prometedoras, lo cierto es que el Flamenco On Fire ha consolidado su posición en el norte, atrayendo a cada vez más publico de fuera de Navarra, y consiguiendo un importante impacto mediático fruto de la eficaz gestión del equipo de trabajo pero también del tirón de los artistas que componen el cartel.
De hecho, es aquí precisamente, en el apartado artístico, donde la cita flaquea más. Primero por la homogeneidad de sus propuestas, con nombres como los de la familia Habichuela o los Morente que se repiten prácticamente desde la primera convocatoria, y segundo por proyectar una línea programática claramente marcada por Madrid. Sorprende, por ejemplo, que pese a que el eslogan con el que se anuncia sea el de El Flamenco viaja al Norte, pocas o ningunas sean las propuestas que llegan desde Despeñaperros hacia abajo.
Además, gran parte de la afición cuestiona lo edulcorado de los conciertos, no sólo porque en algunos casos se alejen de lo que el flamenco es -Martirio, Antonio Carmona, Tomasito, por citar algunos ejemplos- sino porque no se ofrecen apuestas novedosas o arriesgadas. En este sentido, el festival parece posicionarse mas cerca de otros como el de La Unión o la Suma Flamenca que de citas como La Bienal de Sevilla o el Festival de Jerez.
Por tanto, Pamplona tiene aún como reto pendiente crear una afición real y realizar una labor didáctica y divulgativa que contribuya no sólo a asomar el cante y la guitarra a los balcones sino también a darlo a conocer al público que acude a las salas.
No obstante a pesar de su juventud y de los desafíos futuros que le queden por cumplir para su consolidación, el Flamenco On Fire ha servido ya para recuperar y poner en valor la figura de Sabicas en su tierra, dar a conocer el flamenco entre gran parte de los pamploneses y contagiar la curiosidad entre los aficionados. Un buen comienzo.
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