La ventana
Luis Carlos Peris
El cainismo imperante
ES muy astuta hechicera, que puede bajar los cielos, hacer temblar la tierra, cuajar las aguas, deshacer los montes, invocar diablos, conjurar muertos, resistir a los dioses, obscurecer las estrellas, alumbrar los infiernos".
-Qué, mi preciada bruja, te gustaría que esto se dijera de ti o piensas que corresponde a esa Reina Bruja que tú no reconoces porque el régimen del Infierno es más bien republicano.
-Si fuera capaz de esos prodigios, ¿tú crees que me pasaría la Feria condenada al machacón suplicio de las vueltas del tren?
-Como te prefiero antes que a ninguna otra distinguida bruja, lo antedicho viene a cuento de una de las dos brujas hechiceras, Meroe, que, junto a Phantia, dan argumento a Apuleyo para contar las aventuras y desventuras de Lucio, deseoso de saber arte mágica en la región griega de Tesalia.
-Ya veo que te despertó curiosidad la conversión en asno de ese inquieto, extrovertido y muy osado zagal, como te conté hace poco cuando me dieron ganas de transformarte en un mal bicho, con los estropicios que provoca mi magia negra por falta de uso.
-Pues dime entonces -yo no te tengo por bruja escacharrada- qué hechizo te gustaría hacer antes que la Feria se descomponga.
-Para embrujos no estoy, aunque quieras entresacarme alguna ocurrencia. Pero te diré una cosa, me gusta desvelar a los fanfarrones, cambiar el carácter de los esaboríos y trastornar las reservas y las inhibiciones de los tímidos.
-Pues entonces no darías abasto en el real y te pediría que me aceptaras como aprendiz de brujo para un relato de hechicería en el que nos reconociéramos muchos.
-Antes debes leer un poco más porque mira qué dice Lucio del pensamiento de los hombres: "¿No sabes que muchas cosas piensan los hombres, con sus malas opiniones, ser mentira, porque son nuevamente oídas, o porque nunca fueron vistas, o porque parecen más grandes de lo que se puede pensar, las cuales, si con astucia las mirases y contemplases, no solamente serían claras de hallar, pero muy ligeras de hacer?"
-O sea, que no hace falta arte mágica sino la agudeza y la habilidad de la astucia.
-No haré demérito de mi oficio brujesco, que te doy la mano y tomas el brazo, enteraíllo.
-Es que me confundes, porque de fanfarrones, esaboríos e inhibidos, como fauna de la jungla de la Feria, pasas a la entidad de Ésta y concluyes, bruja leída, con que no hay que preguntarse mucho por las razones de la Feria, sino encontrarlas con perspicacia.
-Bruja soy pero no filósofa y tú plumilla pero no exégeta.
-Pues no quiero que acabe la Feria sin que me hagas más astuto con un buen hechizo.
-Uy, uy, escribidor, que esta complicidad me trastorna y puedo cometer el error de acertar. Ya veo por qué empezaste hoy señalando grandes prodigios hechiceros.
-Y por qué acabo entregado a tu magia sin reparo.
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