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Análisis

Roberto Pareja

No es por nada...

La exhumación de Franco contó con la venia de los tres poderes y los venados ultras se precipitan al desván de la historia  

Concentración a las puertas del cementerio de El Pardo-Mingorrubio este pasado jueves. Concentración a las puertas del cementerio de El Pardo-Mingorrubio este pasado jueves.

Concentración a las puertas del cementerio de El Pardo-Mingorrubio este pasado jueves. / Javier Lizón (EFE)

Bla, bla, bla... Pedro Sánchez se ha aplicado a rajatabla eso de vísteme despacio que tengo prisa para echar a la momia del dictador del Valle de los Caídos. ¿Venganza trasnochada? ¿Cortina de humo sobre asuntos más terrenales como la subida del paro? ¿Puro instinto de supervivencia electoralista, que la cuesta ariba se va pronunciando? Todos estos interrogantes se pueden condensar en la imagen hierática de la ministra de Justicia mientras los Franco le daban vivas al abuelito ante el coche fúnebre.

Ha sido un impulso del Gobierno, otros no pudieron o no quisieron hacerlo antes, entre cicatrices todavía en carne viva, presiones de la Iglesia o la más pura desidia, apartado en el que se ubica el Ejecutivo de Mariano Rajoy, que con el palio de su mayoría absoluta optó por contemporizar en vez de derogar la Ley de Memoria Histórica, tan denostada y satanizada ahora por las derechas. Rajoy se limitó a cerrar el grifo y aguó la normativa por falta de unos fondos que falta hacen para rematar la faena con los muertos tirados en cunetas o en el mismísimo Valle de los Caídos, donde los restos de más de 12.000 personas siguen sin estar identificados.

Franco se ha ido con todas las bendiciones –“dichoso por ofrecerse a sí mismo por la construcción de una España mejor”, afirmó en su homilía el hijo cura del golpista del 23-F Antonio Tejero–, las mismas que ha tenido el proceloso proceso de exhumación del dictador, que contó con la venia del Gobierno, del Parlamento (con las chirriantes abstenciones de PP y Cs, que han desperdiciado una magnífica oportunidad de cortar el cordón umbilical de la derecha con el franquismo) y del Supremo. El Estado, sus tres poderes, mal que le pese a algunos nostálgicos, ha hecho justicia ley en mano.

El tufillo electoralista es lo que mancilla la faena de Sánchez. Es posible que el histórico acontecimiento coincidiera con la precampaña por la simple concatenación de trámites judiciales. Lo que huele es la cobertura de TVE, que para colmo se quedó, como todos los demás medios, a dos velas en el momento culminante, la exhumación. Sólo se vio la exaltación franquista. Pero los fascistas se precipitan al pasado, mientras que los republicanos, mira por donde, tienen todo el futuro por delante, como Francia, Alemania, Italia... No es por nada.

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