La ventana
Luis Carlos Peris
Sofocarlo y no atizarlo
Siete partidos de sanción son muchos partidos y eso es lo que le ha caído a Matías Almeyda por el siroco sufrido el otro día. Demasiado fuerte el castigo, sobre todo para un entrenador que, aunque demasiado gesticulante de natural, no faltó al respeto al árbitro hasta que dijo hasta aquí hemos llegado para sacar a relucir unas formas que le han jugado decididamente muy en contra.
En el fútbol actual, los entrenadores suelen ser víctimas propiciatorias del cuarto árbitro, que abundan en la tarea de delatar más que en la de evitar problemas. En esta ocasión fue el linier el denunciante de que Almeyda andaba gesticulando más de la cuenta. Y a partir de la tarjeta roja, el volcán entró en erupción y ahora tendrá el Sevilla que afrontar dos meses sin la aguja de marear que debe ser todo entrenador que se precie.
Y si no prospera ninguna reclamación del club, Matías Almeyda no se sentará en el banquillo hasta la jornada trigésima segunda en El Sadar. Getafe, Betis, Rayo, Barcelona, Valencia, Oviedo y Atlético de Madrid serán los equipos que se enfrentarán a un Sevilla huérfano de entrenador, siempre y cuando que el argentino llegue con el cargo vigente, algo que quién sabe si será así.
¿Excesivo el castigo? Pues parece que tiene algo, o mucho, de ejemplarizante. Pero es que también fue excesiva la reacción de un hombre que a posteriori reconocería que se le fue la pinza y que se arrepentía, pero fue todo tan aparatoso y tan visible...
También te puede interesar