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Epicuro, filósofo: "La prudencia es el más excelso de todos los bienes"

Este pensamiento permite distinguir entre lo que parece bueno y lo que realmente lo es.

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Persona pensando / Pexels

Epicuro fue un filósofo y pensador griego. Su teoría desarrollaron el atonismo y hedonísmo racional. Su máxima era la busqueda del placer que siempre asoció a la discreción, austeridad y prudencia. Sus ideas han podido llegar a través del poeta Lucrecio y de Diógenes Laercio.

Una de sus frases más míticas es "La prudencia es el más excelso de todos los bienes". Es decir que este valor nos ayuda a ser más felices. Para entender mucho mejor lo que quería explicar el filósofo, es necesario tener en cuenta qué significa la prudencia.

Qué es la prudencia

Esta es la capacidad de pensar antes de actuar. Con ella, se evalua los posibles riesgos y consecuencias de tomar determinadas decisiones cuando se considera la opción más adecuada. Una persona que actúa con prudencia; reflexiona y escucha. Sin embargo, una persona que actúa sin medir las consecuenciar, se le considera imprudente.

En economía también se aplica este valor, pero se le conoce con otro nombre técnico, administrar recursos. En el principio que lleva el mismo nombre, se aconseja no gastar más de lo debido y tener reservas para enfrentar las dificultades que puedan venir en un futuro.

La prudencia no debe confundirse con miedo ni indecisión. De hecho, ser demasiado prudente puede llevar a actuar cuando no se considera necesario. En etimología significa antes visión o contemplación. Por ello, en su origen se consideraba como la capacidad de actuar viendo las consecuencias que podría tener.

Se considera una virtud junto a la justicia, la fortaleza y la templanza. Es una forma de reconsiderar el juicio moral y ser una ayuda para elegir lo correcto en cada circunstancia. Es tanto virtud moral como intelectual.

En el pensamiento epicúreo, el bien supremo es la felicidad, entendida como ataraxia (tranquilidad del alma) y aponía (ausencia de dolor corporal). Para llegar a este estado, no basta con perseguir placeres de forma impulsiva. De hecho, muchos placeres inmediatos conducen a sufrimientos mayores en el futuro. La prudencia, entendida como la capacidad de deliberar correctamente sobre nuestros deseos, acciones y consecuencias, se convierte así en la guía racional que orienta la vida hacia el verdadero bienestar. Es “el más excelso de los bienes” porque permite distinguir entre lo que parece bueno y lo que realmente lo es.

Epicuro clasifica los deseos en naturales y necesarios, naturales pero no necesarios, y vanos. Esta distinción es un claro ejercicio de prudencia. Comer para saciar el hambre es un deseo natural y necesario; buscar lujos excesivos o reconocimiento social ilimitado pertenece al ámbito de los deseos vanos, que nunca se satisfacen del todo y generan inquietud. La prudencia enseña a limitar los deseos, no por ascetismo, sino porque la moderación conduce a una vida más libre, menos dependiente del azar y de factores externos.

Además, la prudencia tiene una dimensión moral profunda. No se trata solo de calcular placeres y dolores, sino de construir una forma de vida coherente. Epicuro sostiene que no puede vivirse placenteramente sin vivir prudentemente, ni prudentemente sin vivir justa y honestamente. La prudencia integra las virtudes y las hace posibles, pues orienta las acciones hacia la armonía interior y la convivencia pacífica con los demás.

En un sentido más amplio, la frase también puede leerse como una defensa de la racionalidad frente a la impulsividad. En un mundo dominado por el deseo inmediato, la prudencia aparece como una virtud que protege al ser humano de la ansiedad, el miedo y el sufrimiento innecesario. Para Epicuro, temores como el miedo a los dioses o a la muerte nacen de falsas creencias; la prudencia, apoyada en el conocimiento, libera al individuo de estas angustias y le permite vivir con serenidad.

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