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Cae el clan de los Cantón, la banda de traficantes más activa de Sevilla

La Policía desmantela una organización dedicada a la compraventa de cocaína y hachís al por mayor. Adquirían la cocaína desde Colombia y la revendían luego a pequeños narcos.

Cae el clan de los Cantón, la banda de traficantes más activa de Sevilla
Fernando Pérez Ávila

Sevilla, 18 de agosto 2015 - 11:40

La Policía Nacional desmanteló el pasado fin de semana el clan de los Cantón, la banda de traficantes de droga considerada como la más activa de la provincia de Sevilla. La operación policial se ha saldado con las detenciones de nueve personas y el decomiso de dos kilos y medio de cocaína y siete de hachís, joyas valoradas en más de 80.000 euros, otros 40.000 euros en efectivo, varios vehículos de alta gama y diversas armas de fuego y de aire comprimido.

Esta banda de narcotraficantes movía alrededor de veinte kilos de cocaína por semana. Funcionaban como mayoristas, es decir, compraban la droga desde Colombia y luego la revendían a traficantes menores. En las últimas semanas adquirieron dos kilos, por cada uno de los cuales pagaron 36.500 euros. Luego tenían intención de venderlos por 38.500. Es decir, un beneficio neto de 2.000 euros sólo por ejercer de intermediario, sin siquiera tocar la droga. La Policía calcula que podían mover de esta forma una media de 20 kilos por semana, lo que les suponía unos ingresos limpios de 40.000 euros.

De esta manera, el contacto de los sospechosos con la droga era mínimo, pues a veces vendían un paquete el mismo día que lo recibían. De ahí la dificultad de la Policía para poder sorprender a los traficantes con la droga en su poder. Esto hizo retrasar la operación en varias ocasiones, hasta que los investigadores tuvieron conocimiento de que el sábado 15 de agosto la organización iba a recibir un envío. Ese día se precipitaron las detenciones y se registraron siete domicilios propiedad de los miembros del clan. Uno de ellos era la mansión del líder de la banda, situada en una urbanización de Alcalá de Guadaíra. La propiedad estaba fuertemente vigilada y contaba incluso con cámaras de seguridad perimetrales, como las que aparecen en una de las fotografías que ilustran esta página, así como varias cámaras de seguridad mediante infrarrojos.

El líder de la organización estaba tan obsesionado con la seguridad que tenía también un reloj de pulsera con una cámara de vídeo y un pequeño equipo de grabación de sonido. En uno de los cuartos de baño de la mansión, la Policía descubrió una pequeña caja fuerte incrustada detrás de dos enchufes. Cuando se sacaba esta caja de la pared, quedaba un pequeño hueco para meter dentro un paquete de droga.

Buena prueba de la precaución con la que se comportaban los miembros de esta banda es que cambiaban continuamente de teléfonos móviles. Cada 15 ó 20 días, el jefe del clan daba la orden de renovar los teléfonos para comunicarse entre ellos. Esto llevó a la Policía a controlar, durante sus escuchas, 103 números de teléfono. Después, en los registros, intervinieron 107 aparatos, casi todos ellos Blackberry. Esta marca era la favorita del líder del clan, a quien también se le ha incautado una edición especial y limitada de Blackberry diseñada por el fabricante de vehículos de lujo Porsche.

La venta de cocaína al por mayor no era la única actividad del grupo. También tenía una cierta infraestructura para distribuir tanto cocaína como hachís. Disponía de su propia prensa y un pequeño laboratorio casero para adulterar la droga que era demasiado pura y rebajarla con otras sustancias para poder vender más dosis, aunque de menor calidad. Incluso contaban con una serie de probadores, personas que se encargaban de consumir la droga para comprobar sus niveles de calidad.

La organización estaba perfectamente estructurada. El líder era el encargado de gestionar la compra y adquisición de la dreoga a los diferentes proveedores. En un nivel inferior, otro de los componentes del grupo, hermano del cabecilla, se encargaba de supervisar la recepción y la entrega de la mercancía. Otros integrantes se responsabilizaban del transporte y del almacenaje de los estupefacientes, para lo cual la organización disponía de un piso franco en Sevilla Este. En el último escalón se encontraban los que tenían como misión captar y localizar a los posibles clientes, otros traficantes asentados en la provincia de Sevilla.

Muchos de estos narcos lo son a pequeña escala, que generalmente adquirían a la banda bolsas con una pequeña cantidad de cocaína, que puede ir desde los cien gramos hasta el medio kilo. Son los llamados bolseros. Este tipo de narcotráfico se está extendiendo en los últimos años en Sevilla y le está ganando terreno a las grandes organizaciones de antaño, que movían cientos o miles de kilos de una tacada.

Los hermanos Cantón trabajaron durante años con otro traficante apodado El Cabrero, que ya ha dado el salto a un nivel superior. Expertos policiales consideran que este capo de la droga está introduciendo contenedores cargados de droga a través de cualquiera de los puertos de España. Estos mismos especialistas creen que el clan de los Cantón estaba listo para dar ese mismo paso en los próximos meses.

Una de las claves de este clan era la discreción. Los integrantes del mismo eran poco conocidos por la Policía, tenían escasos antecedentes y estaban integrados en la sociedad. Varios de ellos tenían trabajo o lo hacían en las empresas pantalla con las que blanqueaban el dinero de la droga, se movían en coches y motocicletas de gama media y los hijos estaban perfectamente escolarizados. Todos ellos hacían vida normal en sus casas, en distintos barrios de Sevilla. Uno de los detenidos incluso tenía por vecino a un policía nacional.

Esta discreción fue otro de los obstáculos para los investigadores de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de Sevilla, que se han pasado casi un año para poder detenerlos.

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