San Jerónimo, el barrio olvidado
Los vecinos se quejan de la abundancia de edificios abandonados en contraste con la urgencia que tienen equipamientos sociales.
Las naves de Renfe abandonadas de San Jerónimo, donde la pasada semana se repitió el desalojo forzoso de decenas de familias transeúntes rumanas que malvivían en su interior, son todo un símbolo de su pasado ferroviario y sobre todo un indicador de las necesidades que sigue teniendo este barrio obrero e industrial, nacido al calor del ferrocarril a mediados del siglo XIX y al calor de las industrias, como ISA (Industrias Subsidiarias de Aviación) y Fasa Renault, que se asentaron en este territorio y atrajeron a miles de foráneos en busca de empleo.
La queja vecinal más repetida en el barrio es la abundancia de edificios abandonados o sin uso, en contraste con la urgencia de equipamientos públicos donde los jóvenes sin empleo reciban una formación profesional y donde las familias, mayores y entidades tengan acceso a la participación cultural, educativa y social. Así pues, las naves de Renfe son sólo la parte más visible de este abandono, pero hay más: el centro cívico provisional que se hizo en el polígono industrial, el cementerio de los ingleses (1877), el antiguo instituto San Jerónimo... No hay centro cívico. El de nueva construcción lleva cinco años en obras y sin plazos ciertos.
El Monasterio de San Jerónimo con su fabulosa torre (siglo XV) es el monumento más valioso del barrio y el perfecto centro cívico que desean los vecinos, pero ha topado con la incompetencia y ahora con la crisis económica. La tarea es restaurar el monasterio y construir un edificio anexo. La Gerencia de Urbanismo aclara que las obras están paradas y que su finalización es una incógnita por despejar tras las elecciones municipales del 22 de mayo.
Antonio Muñoz, 62 años, ex empleado de Fasa Renault y presidente de la asociación vecinal La Papachina, un núcleo residencial que toma el nombre del tubérculo chino a salvo de plagas que se plantaba en sus huertas desde que un barco chino quedó varado en el río con esta mercancía, lamenta que pasen tantos años con edificios abandonados y sin darle un uso razonable. "Que le den una utilidad a las naves de Renfe para que no las asalte nadie y sirvan al barrio. Se han llevado casi todo el cerramiento metálico exterior de éstas, del antiguo instituto y del centro cívico antiguo y de otros edificios abandonados", denuncia.
Antonio aclara que su entidad no comparte ni participa de la beligerancia de la entidad Alamillo-San Jerónimo contra los rumanos desalojados por tercera vez. "Éstos van en contra de todo. Primero protestaron contra la mezquita y ahora contra rumanos. A nosotros no nos afectan los robos y quejas de esas viviendas nuevas donde están las naves, pero la solución del barrio no es echar a los rumanos que tienen asentamientos provisionales".
La asociación La Papachina recalca que los problemas de San Jerónimo son la acuciante falta de aparcamiento, los humos de los hornos crematorios del cementerio que contaminan el aire del barrio por falta de filtros adecuados, y los edificios vacíos y olvidados que podrían acoger talleres de formación juvenil (soldadura especial, elevación de grúas...) para reparar los contenedores ferroviarios cuyo tráfico aumentará cuando se reforme el nudo de Majarabique. El paro juvenil es alto. El edificio CREA sólo da servicio como incubadora de empresarios.
Hay también problemas urbanísticos: los vecinos reclaman un bulevar de paseo en la trasera del monasterio que sale a la avenida del río José Galán Merino para acabar con la venta de drogas en las infraviviendas de esta zona y recuperar el viejo molino de agua cada vez más deteriorado y saqueado. Pero los técnicos de Urbanismo insisten en convertir este camino de albero en una carretera para salir del barrio y prolongar la calle Cataluña, una vía cargada de tráfico.
El único proyecto que se cumple -con retraso, como siempre- y enorgullece a los vecinos es el paseo verde fluvial que los acerca a Sevilla y reduce su aislamiento histórico. Incluye un puente peatonal que conecta San Jerónimo con los jardines del Alamillo.
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