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El amigo de Rita Pavone

calle rioja

Amor de Dios. El escaño de la barbería de Melado es un observatorio privilegiado del hemiciclo de la vida. Un psicólogo haría terapia de grupo sin salir de la peluquería.

El amigo de Rita Pavone
Francisco Correal

19 de noviembre 2013 - 01:00

CORTARSE el pelo en Melado es una experiencia espiritual. Ayer me tocó el padre, el jefe de la saga, de esta dinastía de tres peluqueros, aunque uno de ellos, el mayor, se haya hecho agente inmobiliario. Manolo Melado, poeta, compositor de las sevillanas del boom, autor de novela erótica, pregonero, speaker del Betis y sobre todo barbero, ayer se vio convertido fortuitamente en agente inmobiliario, el nuevo oficio de uno de sus hijos.

Llegué a la peluquería y además de un señor que limpiaba los espejos y los cristales del escaparate, había una fémina. No es la especialidad de la casa, peluquería de caballeros de toda la vida. La joven estaba interesada por un local de la acera de enfrente en la calle Amor de Dios. Melado padre le informó de que allí van a abrir un negocio de comida japonesa para la calle.

El escaño de barbería es un observatorio privilegiado en el hemiciclo de la vida. El tráfico en Amor de Dios va de la Campana hacia la Alameda, el sentido contrario de Trajano. Un psicólogo, que los tiene entre su distinguida clientela, podía hacer una terapia de grupo sin salir de la peluquería: por los espejos recién escamondados se aprecia el tránsito de transeúntes: en sus rostros, en su velocidad, incluso si van en compañía en el ritmo de las conversaciones, se puede hacer un diagnóstico de afanes, si dominan la situación o la situación los domina a ellos.

Entra un nuevo cliente con un pelo muy cuidado y aire cosmopolita. De su arreglo se encarga Antonio Melado, el hijo intermedio de la estirpe, que ya ha cumplido las bodas de plata en el negocio. Es un barbero internacional, no en vano su esposa, Hellen, galesa de nacimiento, es profesora de inglés en el san Francisco de Paula. Entre barba y barba, un Melado, el hijo, le da referencias al otro de una circunstancia de la persona a la que está atendiendo: es amigo personal de Rita Pavone, una de las muchas artistas a la que Manuel Melado ha tenido ocasión de conocer a lo largo de su dilatada trayectoria profesional. Hubo un tiempo en el que en lugar de programar cada dos por tres Avatar hacían lo propio con Se acabó el petróleo, primer título de la trilogía de Pancho Bautista. En la película, para gloria del trío Pepe da Rosa, Paco Gandía y Josele, el peluquero Melado hacía de trilero. Hasta que Benito Zambrano dirigió Solas fue la película más taquillera del cine español. En la segunda entrega, Los alegres bribones, incorporó a Antoñita Colomé, en lo que supuso el regreso de esta trianera, Paz Vega de la posguerra, tras su exilio artístico en América.

En Amor de Dios reina ahora otra musa del celuloide: Cate Blanchett preside el cartel de la última película de Woody Allen que se proyecta en el cine Cervantes. La misma actriz que al final de la calle, pasada la plaza del Duque, preside como modelo uno de los expositores del departamento de joyería y perfumería de El Corte Inglés.

Entre los clientes de la barbería de Melado figuran el músico Rodrigo de Zayas, el pintor Manuel Salinas y, hasta su marcha a Barcelona, el novelista y vecino de la Alameda Juan Eslava Galán, que dejó solo en la zona a Salvador Compán, finalista del Planeta el año 2000 y profesor hasta su jubilación en el instituto San Isidoro, cuyo alumnado anima el bullicio de la calle en las horas de entrada y salida de clase. El instituto y el cine de la calle Amor de Dios son buques insignia de una sociedad civilizada.

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