“Sevilla es americana por el Archivo de Indias”
Calle Rioja
Lección de vida, vida de lecciones
Luis Navarro relata en el Ateneo cómo surgió su vocación de americanista
Una pasión que contagió en las 24 tesinas y 33 tesis doctorales que ha dirigido
Lección de vida de un maestro de americanistas
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Se puede levantar un mapa de América a partir de las Américas de Luis Navarro García (Sevilla, 1937). Sus nietos Miguel y Manuel estaban en primera fila. Marcos Pacheco Morales-Padrón (Sevilla, 1992), nieto de su colega Francisco Morales Padrón, fue el encargado de presentarlo en el Ateneo. Entre el público, antiguos alumnos que volvieron a disfrutar de una de sus lecciones magistrales: Julián Ruiz, Manuel García Fernández y Manuel Marchena.
Una lección de vida. Una vida llena de lecciones. Don Luis, que siempre te invita a apearlo del pedestal del don, es un sevillano de Gerona, que suena a Episodios Nacionales de Galdós. Nació en la calle de ese nombre la víspera del día de Reyes de 1937. Le lleva un año al rey Juan Carlos y se lo sabe todo de los predecesores del Emérito, de los Austrias y los Borbones en su relación con América, ese continente al que nunca viajaron. Lo hicieron sus virreyes, de los que Luis Navarro es todo un consumado especialista. Un entusiasmo que contagió en las 24 tesinas y 12 tesis doctorales que dirigió de 1971 a 1980. En total ha dirigido 33 tesis, una de ellas siendo profesor emérito.
Colón descubrió América y Luis Navarro también. Su charla es la película del Oeste que nadie ha rodado. Tan buena como ‘El sargento negro’ de John Ford que horas después ponían en Cine Clásico de la 2. La América del profesor emerge primero en el instituto San Isidoro. Le debe mucho a sus profesores, en especial al americanista Emiliano Jos, del que pudo terminar un libro inédito sobre los planes de Colón interrumpido en el fatídico verano del 36, con Luis Navarro iniciando el viaje a la vida en las entrañas de su madre. Hijo de la guerra, padre y abuelo de gentes de paz. De aquellos planes cuenta las mofas que del Almirante hicieron “los sabios y científicos de Salamanca”.
En 1966 viaja a Buenos Aires, en 1967 a México, en 1968 lo destinan a Murcia
Siete años en el San Isidoro de la calle Amor de Dios, el instituto decano de Andalucía. Por sus aulas pasó un curso Severo Ochoa, pero Luis Navarro será el único de su clase que opte por hacer Letras en la Universidad. En la calle Laraña donde la única especialidad era Geografía e Historia. Una plétora de buenos profesores cambia su rumbo. Su destino era ser catedrático de Instituto. Todo gira cuando su profesor José Antonio Calderón Quijano le invita a hacer las prácticas en el Archivo de Indias, esa antigua Ceca de Sevilla que Carlos III convirtió en catedral de legajos para rebatir los infundios de los historiadores ingleses, franceses y holandeses. La pelea era en los mares y en los archivos.
Entre cuarto y quinto de carrera, campamento militar en Montejaque. Tiene que pedir un permiso para terminar la tesina sobre las Intendencias. “Para mi capitán, yo era el de la tesis”. Las Intendencias no eran otra cosa que las Provincias, como si Javier de Burgos hubiera extendido su invento más francés que castizo al otro lado del Atlántico. Después de la tesina, la tesis doctoral. La Universidad de Sevilla se convertirá en su nueva casa. Cuarenta años de docencia en la Hispalense y dos en Murcia.
En 1966 cruza el charco por primera vez. Acude a un Congreso de Americanistas en Buenos Aires. Un año después, con una beca del Instituto de Cultura Hispánica conseguida por las gestiones de Morales Padrón, viaja a México, país que había explorado en el Archivo de Indias que tiene salida a una glorieta junto a la parada del tranvía que lleva su nombre. Llega a México un año antes de los Juegos Olímpicos. Visita en Cuernavaca el palacio de Hernán Cortés convertido en casino. Con su anfitrión preguntan a unos jardineros por el jinete de una estatua ecuestre. “Uno que vino a chingar a los inditos”.
Estudió las instituciones de ese continente. Vivía en una dictadura y estudiaba una democracia “de oídas y leídas”. En el Archivo de Indias descubrió el fortín de los soldados presidiales. “Presidio fue guarnición antes de significar cárcel”. Soldados con derecho a siete caballos y una mula que custodiaban una frontera de tres mil kilómetros, la pesadilla de Donald Trump. La Historia no pasa en el balde y cuando no se estudia suele repetirse. El mundo está lleno de repetidores.
Ha dedicado buena parte de su tiempo a seguir la estela de José de Gálvez, un malagueño de Macharaviaya fundamental en el avistamiento de la Alta California y personaje fundamental en la puesta en marcha del Archivo de Indias. Una estirpe fundamental. Su hermano Matías de Gálvez también estuvo en México y su sobrino Bernardo de Gálvez es fundamental en la independencia de los Estados Unidos. Demasiado para Gálvez, podíamos decir con el título de la novela de Jorge Martínez Reverte.
En 1966 a Buenos Aires, en 1967 a México, experto en Sonora y Sinaloa, y en 1968 a Murcia, ocupando una de las plazas de profesor de Historia de América que había que cubrir en Murcia y en Valladolid. La ciudad donde muere Colón y donde Carlos V apadrina la Primera Vuelta al Mundo en la que Luis Navarro también es un consumado especialista. Las Intendencias eran de América y de Filipinas, donde muere Magallanes el 27 de abril de 1521.
En ‘El sargento negro’ de John Ford, los apaches hacen escaramuzas por Arizona. En los estudios de Luis Navarro hay indios “hostiles a las provincias españolas que destruyen ranchos y haciendas”. A ellos se les añade el problema adicional y profético de los rusos que desde Alaska quieren aproximarse “a las costas de California”. “California no es mi tema”, dice este conquistador del Oeste desde Sevilla y desde Murcia. Sevillano de Gerona, americanista de Sevilla. En 1983 participa en la constitución de la Asociación Española de Americanistas que celebraron en Badajoz su primer Congreso. Es de los supervivientes del san Isidoro que se siguen viendo en una tertulia mensual. ¡Lo que sabe este hombre! Cita a Francisco Presedo: “Si nosotros somos sabios, somos sabios de derribo”.
Hubo un tiempo en que la Universidad de Sevilla tenía un departamento de Historia de América con profesores como Antonio Muro Orejón, Paulino Castañeda, Calderón Quijano, Morales Padrón y Luis Navarro García. Los Cinco Magníficos. Del Archivo a Indias. “He procurado que ninguno de mis doctorandos fuera doctor sin haber ido a América”. Y hubo quienes vinieron de América en su particular descubrimiento de Sevilla.
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