Las familias de verano se dicen adiós un año más

Emotiva despedida en el Cachorro de los niños bielorrusos acogidos en la octava edición del programa solidario

Paloma Caballero

05 de agosto 2008 - 05:00

La mezcla entre tristeza y alegría fue la característica en la tarde de ayer en Puerta Triana, donde un grupo de 25 niños con edades entre los 7 y los 17 años se despedían de las que han sido sus familias los últimos 43 días, como parte del proyecto llevado a cabo por la Confederación de Hermandades San Cirilo.

Atrás quedan los días en los que han podido limpiarse de las secuelas de Chernóbil, respirando aire limpio, principal objetivo del programa y ayer regresaban a su país, junto a otros grupos de este mismo programa.

Antes de la despedida las familias tuvieron un último encuentro en la Casa Hermandad de la Iglesia del Cachorro. Las primeras en llegar a la cita son Ligia Domínguez y Juana Díaz, dos amigas que llevan ya dos veranos en el programa. Vienen acompañadas por Alona e Ilona, ambas de diez años que aún siguen impresionadas por el parque de María Luisa e Isla Mágica. Y por su comida preferida, “las gambas”.

Cuando Ligia cuenta su experiencia habla de la incertidumbre de los primeros días. “Al principio sientes inseguridad porque no sabes qué niño te va a tocar y te avisan de que puede haber niños problemáticos, aunque mi experiencia ha sido muy positiva”.

Otra de las historias es la de dos niñas que, además de llamarse igual, Katsyarina, tienen en común estar en el programa desde el primer año hasta éste, que es el último para ellas, ya que ambas han cumplido la edad límite para poder formar parte del programa, 17 años. Lo que entristece a sus padres de acogida, que saben que no podrán “verlas más”.

Sin embargo, prefieren quedarse “con todo lo bueno que los niños nos aportan”, como la afición de una de ellas por el fútbol y el Sevilla F.C., comentan sus padres, Concha e Ignacio. Que se llenan de alegría cuando hablan de las mejoras que ha tenido Katsyarina desde el primer año: “Cuando llegó con 9 años pesaba menos de 21 kilos. Ya está mucho mejor y su padre –dice Concha refiriéndose a Ignacio– la enseñó a montar en bici y a nadar”.

Antonio García e Isabel Fernández son padres de acogida primerizos y se muestran sumamente felices de poder ayudar a niños como Kniye, ahora una hermana más de la familia: “Hemos esperado a que nuestra hija fuera mayor y es la que mejor se ha entendido con Kniye”.

Además de las familias, otro de los pilares en los que se sustenta este proyecto, que va ya por su octavo verano, son los 22 monitores de la hermandad, jóvenes entre 13 y 24 años que han acompañado en todas las excursiones a los niños. “Terminan siendo tus amigos pequeños, en invierno hasta nos llamamos” dijo Patricia Sánchez, monitora de la hermandad desde los 12 años.

También han contado con una monitora bielorrusa, Elena Kukian, quien destacó estos niños que “vienen de familias desestructuradas e incluso horfanatos. Esto les sirve para limpiarse de la radioactividad”.

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