Un limonero en la Sagrada Familia
calle rioja
Recuerdo. José María Reyes fue alumno de su hermano Rogelio en el Herrera. Enseñó cuarenta años en Barcelona y ha fallecido en Sevilla.
SE ha ido la misma semana que Carmen Balcells, la agente literaria que hizo posible el boom. Con los autores del Siglo de Oro que estudió José María Reyes Cano (Lora del Río, 1953-Sevilla, 2015) daría para un reboom. En esa sucinta ficha geográfica, un nombre, dos topónimos y dos fechas, están los cuarenta años que este loreño pasó en la Universidad de Barcelona, los tres primeros, desde el curso 1973-1974, como alumno, el resto como profesor en el departamento de Hispánica de la Universidad.
Hizo el bachillerato en su Lora natal, tenía que ir a Osuna a examinarse y llegó a Sevilla el año que se inauguró el instituto Fernando de Herrera, donde tuvo como profesor a Rogelio Reyes, su hermano mayor, con el que se reencontró en Sevilla tras ese prolongadísimo periplo profesional por tierras catalanas.
Lo conocí hace un par de años en el hotel Al-Andalus, cuando acudió a uno de los encuentros del Foro del mismo nombre. Me llamó la atención su perfil de sevillano trasterrado y unos días después, encuentro al que pertenece la fotografía que ilustra la página, entró en detalles en un encuentro en el bar Europa, en la cernudiana plaza del Pan.
Mitigaba la nostalgia con un olivo y un limonero que presidían la terraza de su casa barcelonesa junto a la Sagrada Familia de Gaudí. Animado por el profesor Blecua, padre del actual director de la Academia de la Lengua, dedicó su tesina en Barcelona al autor sevillano Juan de la Cueva. En sus primeros años de Universidad, en Sevilla, coincidió con Felipe González y Alfonso Guerra en la Fábrica de Tabacos. "Llegué a Barcelona y aquello era Europa", contaba de la ciudad de mediados de los setenta. "Veías por el Paseo de Gracia a García Márquez, Vargas Llosa, Pere Gimferrer o Carlos Barral". La Barcelona de Carmen Balcells, ciudad cosmopolita en las antípodas de su actual perfil de celtiberia autocomplaciente y quejica.
En Barcelona, el hermano pequeño de Rogelio Reyes trató a Vázquez Montalbán y presentó un estudio sobre la obra de Juan Marsé en la Universidad en presencia del propio autor de Últimas tardes con Teresa.
Los que lo conocieron echarán de menos su análisis el día después del 27-S. En la plaza del Pan improvisó una lección de sociología. "Se habló con razón de Cataluña como la novena provincia andaluza. Es la única zona de Europa que duplicó su población en treinta o cuarenta años. Fue una jugada perfecta de la dictadura. Con más de un millón de emigrantes andaluces...". La emigración redujo a más de la mitad la población de Lora del Río, su patria chica.
Sevillano del interior, de los adentros, en cuarenta años sólo vino una vez a la Feria y "dos o tres" a la Semana Santa. "Las dos únicas veces que he ido al fútbol en mi vida, las dos ganó el Betis", bromeaba este bético indolente e indoloso. Vio un Betis-Sevilla y un Barcelona-Betis. Estaba en Barcelona la semana de junio de 1977 en que el Betis ganó la primera Copa del Rey, Kiko y Raimundo grabaron el disco Veneno y Tarradellas volvió del exilio. Era el benjamín de cuatro hermanos. Siempre mantuvo su vinculación con la asociación Dante Alighieri de Sevilla. En su regreso, lo primero que hizo fue dar una conferencia sobre el Quijote.
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