Perder el pelo y ganar una voz después del cáncer
Ginebra Huertas emociona en Sevilla en la presentación de ‘Cómo perder el pelo en diez días’, una obra nacida de su experiencia con un linfoma de Hodgkin y convertida hoy en apoyo para otros pacientes
Perder el pelo en diez días suena a comedia romántica, pero en el caso de Ginebra Huertas fue el comienzo de una historia real que cambió todos sus planes. Con 18 años y una plaza soñada para estudiar Bellas Artes en Londres, un diagnóstico de linfoma de Hodgkin lo puso todo en pausa. Aquel golpe inesperado acabó convirtiéndose, años después, en Cómo perder el pelo en diez días, un libro que combina ilustración, humor y memoria para contar el cáncer sin dramatismo impostado y con una voz generacional que rehúye la autocompasión.
Lejos del relato solemne, Huertas propone una narración directa, salpicada de ironía y de detalles cotidianos como los pañuelos, las miradas ajenas, la vuelta a clase, que conectan tanto con pacientes como con lectores que simplemente buscan una historia honesta. Su presentación ayer en Sevilla fue, más que un acto literario, una conversación abierta sobre cómo atravesar la enfermedad y, sobre todo, cómo aprender a vivir después.
"Estoy un poco nerviosa", admitía minutos antes de comenzar, con esa mezcla de sonrisa y honestidad que luego mantendría durante todo el encuentro. Aunque madrileña, Sevilla forma parte de su biografía emocional. Una tía lejana, hermana de su abuela, vive en la ciudad, y las Navidades familiares han tejido un vínculo que va más allá de lo anecdótico. "Me emociona muchísimo venir aquí", reconocía la joven a este periódico en los minutos previos al inicio del acto.
En la sede de la Fundación Valentín de Madariaga, elegida para el evento, el ambiente era cálido. Había jóvenes, madres, parejas y amigas. Algunas personas habían vivido un cáncer; otras no. Pero todas escuchaban con la atención concentrada que sólo se produce cuando alguien habla desde un lugar verdadero.
Un libro que nació como proyecto y se convirtió en propósito
Huertas estudió Bellas Artes y Diseño. El libro nació como su trabajo final de grado, aunque la semilla llevaba tiempo germinando. "Queríamos devolver todo el apoyo que recibimos", explica. Durante su enfermedad, la información y el acompañamiento de "amigos de amigos" ayudaron a su familia a perder el miedo. Ese gesto, tan sencillo y tan decisivo, se convirtió en motor creativo.
La escena que terminó de darle forma ocurrió en el hospital. Una niña a la que acababan de anunciar que perdería el pelo por la quimioterapia. Huertas pidió que le pasaran su contacto. Quería contarle lo que a ella le habría gustado saber. "De ese encuentro surgió la certeza de que compartir la experiencia, traducir la incertidumbre en palabras e imágenes, tenía un poder real. El libro está dedicado a aquella niña, Patricia", sostiene.
El título, guiño a la comedia romántica How to Lose a Guy in 10 Days, arranca una sonrisa, pero no trivializa. "En una adolescente, el pelo no es un detalle menor. Es identidad, coquetería y pertenencia", resume.
Huertas habla del pañuelo, de la peluca o de los productos de belleza. Lo hace sin culpa y sin pedir perdón por la superficialidad aparente. "El paciente es un ser humano", recuerda. En sus ilustraciones –muchas con referencias a redes sociales y estética de revista– el humor actúa como vía de acceso a lo incómodo.
Lo más difícil: después
Si el diagnóstico fue el golpe más duro de vivir, el postcáncer fue lo más difícil de escribir. "Cuando ya no eres la paciente oncológica, ¿cómo vuelves?", planteó ante el público.
La reinserción social, la salud mental tras la cura física o la sensación de desorientación es esa parte, menos tratada en el discurso público, y que ocupa un lugar central en el libro. Huertas insistió en la necesidad de hablar de ello. "Estás sana físicamente, pero mentalmente no lo estás", planteó la joven.
Humor como canal
Antes de la presentación, Huertas confesó a este medio que prepara estos encuentros hablando con sus padres, ensayando posibles preguntas. Pero intenta no pensarlo demasiado. "Si lo pienso mucho, llego llorando", reconoce emocionada. El humor, también en directo, funciona como respiración. "Cuando la emoción amenaza con desbordar, una ironía breve recompone el aire", explica.
Esa estrategia narrativa, y vital, se percibe en el libro. Su autora reconoce que no es un manual médico, aunque detrás haya un trabajo de documentación casi académico sobre tratamientos, psicología del paciente y voluntariado. "Es una traducción accesible de todo ese conocimiento, filtrado por la experiencia", aclara.
"Es tuyo hasta que lo presentas al mundo", le dijo su tía, la escritora Almudena Arteaga, ayer cómplice de su presentación en Sevilla. Y ahora, asegura, la historia ya pertenece a quienes la leen. "Recuerdo a una mujer que había pasado por un cáncer y que compró un ejemplar para cada miembro de su familia para que entendieran mejor lo vivido", dijo. También contó que otro lector le escribió que "nunca había leído una mejor descripción de la quimioterapia".
Huertas sueña con ver este libro en salas de espera oncológicas, junto a una exposición de sus ilustraciones pensadas para arrancar una sonrisa en medio de la incertidumbre. Quiere que sea un objeto tangible, "rosa", como aquel cuaderno al que se aferró durante la enfermedad, "que acompañe, que se pueda señalar cuando falten las palabras".
Al final del acto, cuando las preguntas dieron paso a la firma, la autora respondió a una última cuestión: ¿qué le gustaría que sintiera alguien que se lleva el libro a casa? "Curiosidad", dijo sin dudar. Curiosidad por entender. Por mirar de frente un tema que incomoda. Confía en que, una vez abierta la primera página, el lector seguirá. Algunos, contó, "lo han leído en una tarde".
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