La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Tenemos derecho a llorar
Anuario de Turismo 2026
La Semana Santa de Almería es una de las celebraciones más importantes y tradicionales de la ciudad, llena de historia, arte y pasión. Vivir estos días en Almería es una experiencia única que combina la devoción religiosa y el fervor espiritual con una atmósfera festiva y cultural muy especial. La fiesta de los sentimientos y las emociones a pie de calle.
En las vetustas y señeras calles y plazas del casco histórico se contemplan los solemnes cortejos procesionales de las Hermandades y Cofradías pasionistas, las cuales van a realizar simbólicamente el Credo niceno-constantinopolitano enmarcado en el interior de la Estación de Penitencia a la Santa y Apostólica Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, transitando por el Santuario de Nuestra Señora La Virgen del Mar Coronada bajo el rectorado de los padres dominicos.
Las procesiones de Almería, que fueron declaradas de Interés Turístico Regional el 23/09/2003 y 17/07/2006 y de Interés Turístico Nacional el 08/01/2019, es la gran fiesta de la espiritualidad, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, un hecho histórico que marcó la historia de la humanidad al conmemorarse en estos momentos, desde el angular de la religiosidad popular, en una simbiosis de elevada belleza para los sentires del alma y el corazón, un cúmulo de casuísticas y efectos que impregnan a todos cuantos se acercan a presenciar con admiración y sorpresa la gran celebración extralitúrgica de la plenitud de la vida ante la llegada de la pascua florida.
La Costa de Almería de sol y playa, de desierto y alpujarra con una excelente calidez ambiental, sus 103 municipios se convierten durante la Cuaresma y la Semana en un quinto Evangelio según los amanuenses, una primavera adelantada, con una luz sublime entre el cielo y el mar mediterráneo, en el gran acontecimiento que no deja indiferente a quienes nos visitan como turistas de la cultura religiosa durante estas fechas, quedando prendados ante el legado histórico y antropológico del relato a través de la imaginería, pasos, tronos, sonidos, los silencios entre hábitos, nazarenos, mujeres ataviadas con la clásica mantilla negra, costaleros, pletóricos enseres, las fragancias en el aire del incienso y los demás elementos de plasticidad de este teatro divino que nos hace acariciar la plenitud de la vida a impulso de las almas y del carisma de un pueblo que se convierte en el verdadero sustento de nuestra celebración porque estamos en el convencimiento de que nuestra Semana Santa supone revivir el acontecimiento de nuestra salvación eterna.
La Costa de Almería es un reino de belleza en la Cuaresma y la Semana Santa, es un mismo espíritu marcado por el movimiento cofrade en comunión eclesial. Un encuentro multitudinario de amores y sentires con los siglos. Una sinfonía de amor y de aromas. Un jardín encendido por las candelerías que mecen al viento y se extienden en interminables filas de luz ardiendo al ritmo de los pasos en el que todos cuantos participan activamente desde el cortejo o presenciándolo, guardando silencio, aplaudiendo, persignándose, haciéndose la señal de la Santa Cruz, inclinando la cabeza, arrodillándose, o con los brazos abiertos rezando un Padrenuestro o un Ave María, o cualquier otro gesto de la piedad católica, hacen suya esta fiesta religiosa que se contrae en la fe en Cristo.
Al escribir estas líneas y a nuestro modo huele a Semana Santa a la espera de encontrarnos en cualquier esquina del atardecer, abarrotada de cientos de personas venidos de todas las partes a encontrarse con la negritud de los nazarenos, que nos anunciarán que Cristo con su muerte nos dio la vida, que Cristo sale al encuentro de todos los hombres y mujeres que se acercan a pie de calle y al interior de los templos ante el Sagrario porque todos somos hijos de Dios.
Almería en breves días se hace Jerusalén y se caracteriza por visualizar la pasión según los barrios con sus sedes canónicas, tras la obligada estación penitencial en la Catedral de la Encarnación en presencia del mitrado Obispo diocesano y cabildo de canónigos con el traje coral de la canonjía, clero secular y regular con sotana o hábito y bonete, autoridades enlutadas en el ejercicio de sus potestades públicas y la Agrupación de hermandades y cofradías dando cumplimiento pastoral y de apostolado a sus Reglas, siendo acogidos todos en la fervorosa imagen del indaliano Jesús de Perceval: El Santo Cristo de la Escucha.
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