Morante: tres adioses en tres etapas vitales
HISTORIAS TAURINAS
El retorno del genio cigarrero refresca la memoria de otras retiradas marcadas por distintas circunstancias personales y profesionales
En 2004, 2007 y en 2017 también había anunciado que dejaba la profesión
Morante reaparece el Domingo de Resurrección
Morante, deshojando la margarita
Morante vuelve sin haberse ido pero su decisión ha zamarreado el mundillo taurino y ha otorgado el argumento definitivo al abono que va a estrenar la gerencia de José María Garzón en la plaza de la Maestranza. No, no es la primera vez que el genio cigarrero amaga con retirarse aunque, paradójicamente, siendo este el descanso más breve, es el único que ha estado acompañado del simbólico y trascendental corte de coleta que el propio matador se apresuró a matizar que no había sido tal; sólo se la había “quitado”. Sea como sea, sólo han mediado tres meses largos entre aquella emocionante despedida madrileña que no ha tenido recorrido y el anuncio de una vuelta que no lo es. Culminó una campaña; comienza otra que será de apariciones contadas, de concertinos selectos...
Habría que retroceder 22 años para ubicar la primera retirada formal -y real- del genio cigarrero en unas circunstancias que vinculan su pasado y su presente personal y profesional. la relación del torero con Eduardo Canorea y Ramón Valencia venía dando bandazos desde la célebre espantada de la feria de San Miguel de 2000 que acabó espoleando la retirada de Curro Romero.
En 2002 se había quedado fuera de Sevilla y en 2003, aunque estuvo anunciado en primavera, pretendió encerrarse con seis toros el 12 de octubre sin que la empresa Pagés -cómo hemos cambiado- estimara la propuesta. Morante se llevó su encerrona a Jerez, acabó con el cuadro y terminó de abrir la caja de los truenos. En 2004 se quedaba fuera de los carteles abrileños y volvía a lanzar un nuevo órdago escogiendo la plaza de Las Ventas, el mismísimo Domingo de Resurrección, para protagonizar otro solo que no iba a salir como se esperaba. El torero, desmoralizado, ordenó a José Luis Peralta, su apoderado de entonces, que rompiera todos contratos pendientes de la temporada. Se había quitado...
El 7 de mayo de aquel mismo año iba a convocar una rueda de prensa en el hotel Alfonso XIII en la que, a priori, se daba por hecha la reconsideración de esa drástica decisión. Pero José Antonio, a ultimísima hora, iba a cambiar de opinión ante el estupor de Peralta, que había acudido al encuentro con la prensa con otra idea muy distinta. El torero ya esbozó en aquel encuentro sus problemas de salud mental. Comenzaba un calvario que le llevaría a marcharse a Miami para tratarse con durísimas sesiones de electro-shock para lidiar con el toro más incierto de su vida. Pero Morante volvería a torear: reapareció en Olivenza el 5 de marzo de 2005 y llegó a anunciarse en Sevilla en un único compromiso en aquel año, pasando de puntillas.
2007: un nuevo eclipse
Las cosas se iban a normalizar en la temporada 2006 aunque Peralta se iba a quedar en el camino a la conclusión de la campaña. Pero Morante siempre se ha reservado la capacidad de sorprender: ese mismo otoño iba a convocar otra vez a los medios en el hotel Alfonso XIII para anunciar a bombo y platillo que su nuevo mentor era Rafael de Paula. Los que conocían el paño torcieron el gesto. Aquella fábula no podía durar... Esa misma temporada, la de 2007, iba a cortar dos orejas en Sevilla después de marcharse a portagayola y cuajar aquella emocionante faena a un ejemplar de Núñez del Cuvillo el mismo día que Talavante abrió su primera Puerta del Príncipe.
El 6 de junio volvía a estar anunciado en solitario en Madrid, estrella única de la corrida de Beneficencia. Fue una durísima y emocionante corrida -el sobresaliente, Alejandro Castro, tuvo que estoquear al quinto- que se saldó con una sola oreja que no daba idea de la intensidad de la tarde. José Antonio salió de la plaza con una aparatosa brecha en la frente y la sensación de haber quemado las naves. La relación profesional con Paula ya estaba rota y el torero, fiel a su vocación de Guadiana, volvería a sumergirse en un nuevo eclipse después de mandar a Jerez al diestro gitano, recientemente fallecido.
El diestro de La Puebla volvía al barbecho. Fueron siete meses de parón antes de retornar a la cancha, el 8 de enero en la Monumental de México. Lo hacía estrenando el apoderamiento del constructor José Sánchez Benito gracias a la cercanía de su antiguo amigo, el diestro Antonio Barrera. Aquello fue más fu que fa -medió una imposible y fallida exclusiva- pero lo mantuvo a su lado dos temporadas antes de volver a sorprender a propios y extraños con la elección de Curro Vázquez -habían tenido algunas palabras a cuenta de la concesión de la Medalla de las Bellas Artes a su sobrino Francisco Rivera- que le acompañó hasta 2012.
Barrera, recién retirado, quedaba con las manos libres para retomar la carrera de su amigo bajo la cobertura empresarial del multimillonario mexicano Alberto Bailleres, mascarón de proa de la empresa Espectáculos Taurinos de México. Algunas formas y decisiones de Barrera, investido de embajador de los asuntos taurinos del magnate azteca, también acabarían por dejarle en el camino sin abandonar la poderosa casa empresarial, reconvertida en Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT) a raíz de las sucesivas alianzas con José Cutiño y los hermanos Chopera. Morante escogió entonces a un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal, para hacerse cargo del trabajo de despacho.
¿Retirada o parada técnica?
Todo volvió a saltar por los aires el 13 de agosto de 2017, a raíz de aquel mano a mano con El Juli en El Puerto de Santa María. Fue una tarde aciaga para Morante, que inició su penúltimo fundido a negro cerrando una nueva etapa. El diestro de La Puebla declaró entonces sentirse “cansado de la forma de proceder de presidentes y veterinarios en muchas plazas a la hora de los reconocimientos, porque van en contra del toreo de arte”, e indicó que a veces es necesario “parar” para “dar un toque de atención y retomar el camino con ilusiones renovadas”. Paralelamente arreciaban los rumores que apuntan a que Morante, apoderado aún por el magnate Bailleres, no estaba satisfecho con algunas de las decisiones y condicionantes de su entorno profesional, por lo que aquella decisión supuso un drástico golpe de timón de cara a una hipotética reaparición de la entonces no se podían atisbar plazos ni fecha.
Pronto se supo que aquella retirada tampoco era tal. Pero sí había una reaparición: la del histórico apoderado Manolo Lozano, con casi 90 años a cuestas, dispuesto a “bordarle” una nueva temporada que demoró su inicio a la Feria del Caballo de Jerez de 2018. Pero Morante ya había rubricado su vuelta a Sevilla con Ramón Valencia, que no dudó en acudir hasta los dominios del diestro cigarrero para estampar su firma encima del escritorio que había pertenecido a Joselito El Gallo. Fue el primer contrato que firmó el torero para aquella temporada de 2018 y el último que cumplió, retrasando su retorno al ruedo de la Maestranza hasta la feria de San Miguel. Unos días después, al terminar el festival del 12 de octubre organizado para la Macarena, culminaba aquella feliz y fugaz relación con Manolo Lozano, verso suelto de la todopoderosa casa empresarial toledana.
Morante, sin solución de continuidad, volvía a sorprender a propios y extraños poniéndose en manos de casa Matilla. La cosa duró dos temporadas y un pico; pulverizándose en el fragor de la pandemia. El diestro cigarrero anunciaba que estaba dispuesto a volar solo pero tímidamente, de menos a más, comenzó a emerger la figura de un íntimo amigo, Pedro Marques, odontólogo de profesión, que iba a marcar el trascendental lustro final de la carrera de Morante.
Aquella etapa, de alguna manera, se reinició el primero de octubre de 2021 con la emocionante faena a aquel toro de Juan Pedro Domecq que le propinó una fortísima voltereta. Los recitales siguieron en 2022; el rabo llegó en 2023 y con él las idas y venidas de dos temporadas marcadas por la vuelta del trastorno de personalidad que le obligaron a cortar por lo sano en septiembre de 2024. La reaparición de fijó en Olivenza pero las inclemencias meteorológicas acabaron demorándola a Almendralejo. Era la obertura de un año histórico, el de 2025, en el que José Antonio Morante Camacho sumó la altura de su concepto con un impresionante sentido del compromiso profesional que le coronaron como rey del toreo. El 12 de octubre, por sorpresa, llegaba el corte de coleta. El 5 de abril de 2026 volverá a estár bien sujeta bajo las morillas de su montera.
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