Real Venta de Antequera: la puerta del campo bravo en la ciudad
PARAFERNALIA TAURINA
El empresario José María Garzón apuesta por recuperar el histórico recinto regionalista para exhibir la corridas a lidiar en la Feria de Abril
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Un anuncio aparecido en la prensa en 1988 advertía a los aficionados que las corridas de Ramón Sánchez y Eduardo Miura iban a exponerse en los vetustos corrales de la Real Venta de Antequera antes de su lidia en la plaza de la Maestranza gracias a la “colaboración” de Diodoro Canorea y la “gentileza” de los propios ganaderos. La costumbre, era evidente, ya estaba languideciendo pero nadie podía atisbar que las reses de Zahariche, que serían despachadas en la tarde del 24 de abril por Manili, Espartaco y Víctor Mendes, iban a ser las últimas que se manifestaran en el histórico recinto regionalista de Bellavista para el disfrute y el calibre de los aficionados.
Hoy está cercada de edificios desarrollistas y desmesuradas promociones inmobiliarias que cantan la desordenada evolución urbanística de un paraje, a dos pasos del Cortijo de Cuarto, la ermita de Valme y la antigua Isla, que fue solar de los toros de Miura y la antigua puerta del campo y la marisma en la ciudad. La Venta de Antequera había sido fundada en 1916 en el confín de la Palmera, junto al actual estadio del Betis, y había tomado el nombre de su fundador, Carlos Antequera, que había sido mozo de espadas del diestro sevillano Antonio Fuentes, paradigma de la elegancia en un ruedo.
Sus mayores esplendores llegarían con la inmediata mudanza a Bellavista, junto al viejo camino de Cádiz, y su conversión en pabellón de las tierras de Jerez para la Exposición Iberoamericana de 1929. Dos años antes había servido para reunir por primera vez a los poetas de la generación del 27 y en 1930 llegaría la visita inesperada del rey Alfonso XIII -de ahí los timbres reales- que sería agasajado con caldos generosos y una larguísima selección de hasta treinta tapas -lo que en la época se llamaba un tonteo- entre las que no faltaron el jamón, las pavías o los huevos al nido.
Las distintas bodegas –González Byass, Domecq, Osborne, Marqués de Mérito, Garvey, Agustín Blázquez y el matadero de Sánchez Romero– se habían esmerado en poner lo mejor de las artes y los oficios del arte regionalista en las distintas estancias para promocionar sus vinos en coincidencia con la muestra iberoamericana y el preciosista recinto –apoteosis de la azulejería, la forja y la arquitectura popular– no tardaría en tomar el antiguo papel de la dehesa de Tablada -el traslado de las reses al alba y a uña de caballo forma parte de la memoria costumbrista- como escaparate de las corridas a lidiar en las tardes abrileñas.
La cercanía del embarcadero ferroviario de Los Merinales, nudo de comunicaciones del ganado bravo de la Baja Andalucía, favorecía la llegada de los toros como reclamo de los aficionados que convirtieron la visita a la Venta para contemplar el elenco ganadero en un capítulo imprescindible de la parafernalia que rodeaba la Feria. Con los 80, ya lo hemos dicho, culminó su decadencia, llegó el abandono y hasta los planes, más o menos recientes, de levantar sobre el terreno de los antiguos corrales un sórdido supermercado.
La Real Venta de Antequera acabaría siendo adquirida por Gabriel Rojas. A su muerte fue heredada por su sobrina Lola que, con su marido Daniel de la Fuente, emprendieron el rescate material y sentimental de un recinto que no se podía entender sin la rotunda presencia del toro bravo. La reinauguración llegó el 13 de noviembre de 2015. Unas becerras de Manolo Vázquez y Fernando Sampedro tentadas por Pepe Luis y Dávila Miura anunciaron la nueva vida del recinto. Unos serios ejemplares de Fermín Bohórquez ubicados en las remozadas corraletas de la Venta recordaban su antigua función...
Pero el anhelo de recuperar la Real Venta de Antequera como escaparate de las corridas de la Feria de Abril formaba parte de los objetivos de los actuales propietarios. Ni el parecer de la empresa Pagés ni la opinión de los ganaderos terminaban de ser favorables a la rehabilitación esa hermosa costumbre que formaba parte de los recuerdos taurinos de varias generaciones de aficionados.
Pero el estreno de la era Garzón -flamante empresario del coso maestrante- ha precipitado los acontecimientos. No será fácil doblegar algunas voluntades pero el gerente de Lances de Futuro se ha propuesto llevar algunas corridas -habló de entre cinco y siete en su declaración de intenciones- a los corrales de Bellavista. La oportunidad es de oro y podría tener una resonancia insospechada. Hay que aprovecharla.
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