Platero vuelve después de cien años
El sevillano Álvaro Flores ha realizado una escultura del burro que inspiró la popular obra de Juan Ramón Jiménez
"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos". Así comienza Platero y yo, la obra más popular de Juan Ramón Jiménez. Es precisamente ese inicio lo que ha querido reflejar el escultor sevillano Álvaro Flores en su representación del burro que protagoniza esta narración lírica, publicada hace ahora cien años. Para conmemorar este centenario, el Ayuntamiento de Moguer -ciudad natal de Juan Ramón Jiménez- ha preparado una programación dentro del Año Platero.
La escultura del imaginero hispalense, que se inauguró el pasado sábado en la plaza del Cabildo de la localidad onubense, es la primera de las que van a conformar el Museo al Aire Libre de Moguer, con varias obras relacionadas con el burro que inspiró al poeta. "La escultura tuvo una gran aceptación", apunta el autor, que destaca la expectación de los más pequeños durante el acto de descubrimiento del monumento: "Está concebido también para los adultos, pero, sobre todo, para los niños".
Flores, que leyó la historia de Platero varias veces antes de comenzar a modelar la estatua del asno, se muestra orgulloso de poner rostro "a un personaje universal". Según el escultor, el proceso de creación ha sido "muy emotivo" y en la obra ha querido representar a la vez la jovialidad del personaje, pero también su melancolía: "Lo que busco es que los moguereños identifiquen en la obra a su Platero, un burro lleno de vida, de ojos profundos, juguetón, tierno y afable".
A pesar de haber trabajado con motivos animales en su trayectoria, como la cacería y la tauromaquia, Álvaro Flores reconoce la dificultad de reflejar cualidades intangibles en ellos. Por este motivo, se ha inspirado en el "sentimiento poético del libro. El escultor explica que el leve gesto de inclinación de la cabeza refleja "humildad, docilidad y mansedumbre"; mientras que la apertura de las patas delanteras denota "una inestabilidad que se traduce en fragilidad e inocencia".
Además, la escultura cuenta con dos detalles simbólicos. En la peana, una rama de naranjo hace alusión a Andalucía, tierra donde se desarrolla la historia. Sobre ella se posa una mariposa -en referencia al último capítulo del libro-, que representa "la resurrección de Platero". El segundo de los rasgos simbólicos es que la cola del burro dibuja en el aire la silueta de Juan Ramón Jiménez: "Es una manera de hacer que obra y autor se reencuentren en el lugar que los vio nacer". El monumento que homenajea al asno está situado frente al del poeta en la plaza del Cabildo, muy cerca del Ayuntamiento de Moguer, aunque la situación actual no será la definitiva. Está prevista una reforma donde tendrán una nueva disposición que, en la opinión de Flores, "lucirá más".
La escultura, que será la imagen del cupón de la ONCE del 29 de mayo, aniversario de la muerte del Nobel, también figurará en una exposición itinerante el próximo otoño. Una réplica policromada será una de las quince obras que visitarán Sevilla, entre otras ciudades, con el objetivo de difundir Platero y yo en el centenario de la publicación de su primera edición, en 1914.
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