Trece años ayudando a los niños bielorrusos
La Confederación de Hermandades Santos Cirilo y Metodio abre el plazo para solicitar la acogida de pequeños de Europa del Este
"Al final, todas las familias que participan en el programa de acogida aseguran que reciben más de lo que han dado". Son las palabras de Rafael Buzón López, el presidente de la Confederación de Hermandades Santos Cirilo y Metodio. Esta entidad, denominada así por los dos religiosos -conocidos como apóstoles de los eslavos- que evangelizaron Europa del Este, nació en 2007 para coordinar la acción de las hermandades y entidades sevillanas -y de otros puntos de Andalucía- que acogían a niños bielorrusos procedentes de zonas afectadas por las consecuencias de la catástrofe de Chernobil, en 1986.
El Cachorro fue la hermandad que respondió primero, en 2001, a la llamada de la Sociedad de Pediatras Bielorrusos, que alertaba de la necesidad de que los pequeños pasaran temporadas fuera de su hogar. El objetivo de esta medida era paliar las posibles secuelas provocadas por la contaminación radiactiva que se mantiene todavía en la tierra en la que cultivan sus alimentos. "Según la Organización Mundial de la Salud, cada año que los niños vienen a España, su esperanza de vida aumenta en un año y medio o dos", apunta Buzón, que ha sido padre de acogida durante diez años.
Hasta finales de febrero, e incluso principios de marzo, está abierto el plazo para los interesados en acoger a un niño de cara al periodo estival. Para ello, tienen que ponerse en contacto con María de los Ángeles Muñoz (teléfono, 639 503 279), vocal de la Confederación de Hermandades Santos Cirilo y Metodio y encargada de la recepción de las familias.
Después de alcanzar un máximo de unos 700 pequeños, en 2007, el año pasado se quedó en 228. Las razones, según explica Rafael Buzón, son varias. La primera de ellas es la crisis económica. "Traer a un niño tiene un coste de unos 700 euros en un vuelo chárter de cuatro horas y desde Minsk, capital de Bielorrusia", señala el presidente de la entidad, que asegura que hay personas que ya no pueden permitirse el desembolso. Aunque algunas hermandades colaboran con los costes -gracias a los ingresos obtenidos con rifas, tómbolas y otras iniciativas similares-, el gasto sigue siendo importante en la situación económica actual.
Otra de las posibles causas es la imposibilidad de traer a jóvenes mayores de edad: "Hay familias que traen a uno desde pequeño y cuando cumplen los 18 no se atreven a acoger a otro". Es, precisamente, el caso de Daria, que fue niña de acogida durante diez años en casa de Rafael Buzón: "Me llamaba papá Rafa. Ella dice que somos sus padres de España". Según el presidente de la organización, también resulta un impedimento el hecho de que la Junta de Andalucía haya vetado a los mayores de 65 años para participar en el programa; o que, tras unas elecciones en las distintas hermandades, las nuevas juntas de gobierno no se centren en esta iniciativa social.
Ante este descenso, la entidad quiere revitalizar el programa y buscar familias de acogida. "Los beneficios se ven claramente cuando pasan los años", apunta Buzón, que destaca la variedad de actividades que hacen los niños en Sevilla. Desde visitas a Isla Mágica y el parque acuático Aquópolis hasta pasar un día en el Club de Campo, pasando por la organización de un viaje a la playa de La Caleta acogidos por la Hermandad de la Vera Cruz de Cádiz.
La intención del presidente de la confederación es impulsar este proyecto que lleva trece años funcionando con grandes resultados: "La labor de las familias es impagable y queremos que esto pueda continuar. Recibimos a los nuevos solicitantes con los brazos abiertos".
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