Cedric Follador y la liga mundial de los apellidos imposibles: del frío hielo a la carcajada fácil en España
El nombre de este suizo, participante en los Juegos Olímpicos de Invierno, ha causado la carcajada generalizada en el mundo hispanohablante
El nombre del nuevo portero del UD Ibiza, próximo rival del Betis Deportivo, causa sensación: Con el 1...¡Tao Paradowski!
El deporte moderno ya no se mide solo en medallas, goles, récords o estadísticas avanzadas. Desde hace tiempo existe una competición paralela, no oficial, pero tremendamente popular: la liga mundial de los apellidos que provocan risas, dudas existenciales y ataques de risa antes incluso de empezar el partido. Y en ese ranking imaginario, Cedric Follador ha entrado directamente en puestos de honor.
El deportista suizo, participante en los Juegos Olímpicos de Invierno en la disciplina de bobsleigh, ha logrado algo que no se entrena en el gimnasio ni se aprende en concentraciones de alto rendimiento: que medio país sonría solo con leer su nombre. En cuanto apareció en las retransmisiones y listados oficiales, España entera entendió que aquello no era un apellido cualquiera. Era material viral.
Porque podrá bajar por pistas heladas a más de 130 kilómetros por hora, podrá competir contra los mejores del mundo y representar a Suiza con orgullo, pero aquí se ha convertido, sin pretenderlo, en un icono del cachondeo nacional. Cada vez que alguien menciona a Follador, hay una pausa automática, una sonrisilla involuntaria y, en muchos casos, un comentario que empieza por “perdón, pero…”.
Y ya está. Concentración perdida.
Lo más curioso es que Cedric mantiene siempre la máxima seriedad. Casco puesto, mirada firme, cuerpo inclinado, actitud de campeón. Pero en España su nombre juega otra competición distinta: la del humor espontáneo, donde es imbatible.
De Follador al Paradowski: cuando el fútbol también entra en el juego
El fenómeno no se queda solo en el hielo. En el fútbol patrio ya tenemos otro nombre destinado a los altares del ingenio popular: Ibiza Paradowski, reciente fichaje del Ibiza.
Un portero cuyo apellido parece diseñado por un creativo con mucho tiempo libre: para-dos-ki, para-tres-ki, para-lo-que-le-echen. Cada intervención suya activa automáticamente el radar del chiste. No importa si hace una parada normal o una estirada imposible: siempre hay alguien dispuesto a soltar que “hoy Paradowski ha estado paradowskístico”.
En un país donde cada futbolista acaba teniendo mote, Paradowski ha llegado con el trabajo hecho. No necesita apodo. Su apellido ya es una campaña de marketing.
Vlachodimos y el arte de aprender fonética griega a la fuerza
Y si hablamos de nombres que generan debate, tutoriales y discusiones en bares, hay que detenerse en Odysseas Vlachodimos, portero fichado por el Sevilla FC.
Cuando se anunció su llegada, España entera entró en modo académico. Periodistas, tertulianos y aficionados comenzaron una investigación fonética digna de una tesis doctoral. Al principio, como suele pasar, aparecieron versiones para todos los gustos: “Lajodimos”, “Blajodimos”, “Vlacodimos”, “Vladimos” y combinaciones aún más creativas.
Con el tiempo se aclaró cómo se pronuncia realmente en griego: Vla-jo-dí-mos, aproximadamente, con una “j” suave y aspirada, procedente del sonido χ del griego moderno. Nada de “Lajo” ni “Vlacó”. Vla-jo-dí-mos. Sencillo… una vez te lo explican.
Un fichaje que vino acompañado, sin quererlo, de un pequeño curso acelerado de pronunciación helena.
El universo paralelo de los nombres deportivos
Los casos de Follador, Paradowski y Vlachodimos confirman algo que todo aficionado español sabe, aunque nunca lo haya escrito: aquí no solo analizamos el juego, también analizamos cómo suenan los nombres. Y mucho.
En un país donde se apoda a todo el mundo, donde cualquier detalle se convierte en broma y donde el ingenio colectivo funciona a tiempo real, estos apellidos tienen éxito asegurado sin necesidad de marcar goles ni ganar medallas.
Cedric Follador, estrella involuntaria del entretenimiento
Volviendo al protagonista, Cedric no ha venido a hacer humor. Ha venido a competir, a entrenar, a mejorar marcas y a luchar por el podio. Pero sin buscarlo se ha convertido en algo más: un personaje recurrente del imaginario deportivo español.
Es el típico nombre que alguien menciona en una comida familiar y provoca risas en tres generaciones distintas. El que aparece en un titular y ya tiene medio trabajo hecho. El que transforma una prueba de bobsleigh en una conversación de grupo.
Sin quererlo, se ha unido al selecto club de deportistas que, además de rendir, entretienen solo con su ficha federativa.
Entre debates arbitrales, polémicas semanales, fichajes millonarios y discusiones eternas sobre sistemas tácticos, estos nombres nos recuerdan algo básico: el deporte también es diversión. Reírse no resta mérito. Sonreír no quita profesionalidad. Y disfrutar de un buen apellido no impide admirar a un gran atleta. Cedric Follador seguirá bajando a toda velocidad por el hielo. Paradowski seguirá volando bajo palos. Vlachodimos seguirá defendiendo la portería sevillista con acento griego. Y nosotros seguiremos haciendo lo que mejor sabemos: mirar, disfrutar… y, de paso, echarnos unas risas.
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