‘Dear Artist’: Ana S. Valderrábanos y el bordado insumiso

Arte

La creadora afianza su idilio con el arte textil en la exposición que acoge la Fábrica de Artillería hasta el 8 de febrero.

La escritora y la asesina

Ana S. Valderrábanos afianza su idilio con el arte textil / Juan Carlos Vázquez

Ana S. Valderrábanos se mueve en Dear Artist, la exposición que presenta en la Real Fábrica de Artillería hasta el 8 de febrero, entre “lo aprendido y lo intuido”, entre la confianza que facilita la experiencia y el temblor de quien sabe que la creación sólo puede ser una corazonada que no admite certezas. En la muestra, comisariada por Jesús Barrera, la sevillana afianza su idilio con el arte textil, una técnica distinta que sin embargo no concibe ajena a la pintura: Valderrábanos piensa “los hilos como líneas de dibujo, y las telas como campos de color”.

Fue un curso impartido por Juan Fernández Lacomba el que adentró a la autora en “otra forma de contar, otras vibraciones”, un método que le permitía expresar con una rara verdad su mundo interior y que al mismo tiempo le ayudaba a reflexionar sobre su oficio: con la aguja se preguntaba por la definición de arte en la contemporaneidad y su “tensión” con la artesanía, reivindicaba también “un hacer espontáneo, algo desobediente”.

“El bordado siempre se ha enseñado en ambientes domésticos, o en instituciones, pero se ha hecho desde la ortodoxia, con una exigencia y un interés por la pulcritud que eran casi un martirio”, explica Valderrábanos, para quien esa escuela tradicional “reproducía patrones, te obligaba a ajustarte a un diseño ya marcado” y estaba reñida con la imaginación. La autora, sin embargo, se acerca a este ámbito desde una hedonista libertad, “voy haciendo lo que me apetece, hago y deshago. Cuando me enfrento a una obra no tengo una idea completa de lo que quiero, eso va surgiendo”.

La artista despoja al bordado de su estricta disciplina y la convierte en libertad hedonista

En una de las telas, Valderrábanos reproduce unos retales con correcciones de una escuela de moda, en uno de los cuales una profesora ha anotado que la prueba debe repetirse, la forma de alcanzar la excelencia. Esa técnica impoluta de la artesanía no tiene cabida en el arte, condenado a la imperfección como reflejo de lo humano: “Un artista coge destreza y maestría con el tiempo, pero no se somete a lo que dicten los cánones: cada uno debe hacer lo que sienta, que ya el tiempo lo pondrá en su sitio”, opina una creadora que admira el camino que recorrieron precedentes como Anni Albers o Louise Bourgeois, en las que detecta una conexión “no sólo estética, también emocional”.

En Dear Artist, Valderrábanos coloca en soportes de metal –“no se podía colgar nada en los muros de Artillería, pero eso nos ha beneficiado”– telas que recuerdan a estandartes medievales o pendones de guerra, y por las que se entrecruzan pensamientos, recuerdos de un viaje a la India, referencias a poetas como Wislawa Szymborska y un imaginario donde el espectador cree reconocer pájaros, liebres, panteras o dragones. “No hay nada que me guste más que los espectadores me den sus interpretaciones de las obras, que cada uno aporte su propia mirada”, señala la artista.

Algunas de las creaciones de Ana S. Valderrábanos.
Algunas de las creaciones de Ana S. Valderrábanos. / Juan Carlos Vázquez

“Yo aquí me enfrento a la obra igual que en la pintura: con el hilo, hago y deshago, quito y pongo, como si diera brochazos. No perseguía una estética medieval, pero si la gente piensa en eso, bienvenido sea. A mí me fascinan los dragones”, comenta la artista, que suscribe una cita de Mark Rothko que describía el arte como pálpito y emoción, sentimientos imposibles de reducir a una explicación lógica: “Confío”, decía el estadounidense, “en que hay un cierto espectador sensible que no espera comprender nada; si tiene espíritu y necesidad, hará un buen uso de la obra”. Valderrábanos cree que esa inteligencia para apreciar la belleza más sutil se sentirá atraída también por los reversos de los bordados, donde se dibujan formas inesperadas y misteriosos mensajes. “Me alegra que las traseras estén a la vista: se generan otros campos de color, se sugieren otras cosas”, asegura la artista.

Para Jesús Barrera, que distribuyó la sala en dos partes, un bosque –también un laberinto desordenado– donde las telas se levantan como árboles y una pradera donde la obra se extiende en horizontal, Valderrábanos muestra en Dear Artist “un yo creador intuitivo, animal y salvaje”: los zurcidos y los rotos de las telas podrían verse como una prolongación del estado de ánimo de su artífice, alguien que “compone desde las tripas” y transforma en arte las “heridas de la propia vida”.

Para el comisario de la muestra Jesús Barrera, la autora “compone desde las tripas”

En las piezas correspondientes a la pradera, Valderrábanos tomó sábanas “que tenía en mi estudio y que cubrían una mesa en la que trabajo. Sobre esa tela anotaba ideas cuando hablaba por teléfono, cortaba algo con un cúter y rajaba el tejido... Jesús, el comisario, me dijo que cogiera esas sábanas para esta composición”, una sugerencia que la artista aceptó con entusiasmo. “Está muy presente ahí el trabajo del día a día, y eso me gusta porque yo le doy mucha importancia al proceso artístico. Cuando tú montas una exposición compartes tu obra, que una vez parida pertenece al mundo, y desde entonces estás sujeta a la crítica, a lo que puedan opinar los demás. Pero el tiempo que pasas en el estudio es una especie de patrimonio: esa búsqueda”, concluye Valderrábanos, “es la que nos permite crecer y evolucionar a los artistas”.

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