La Bocamanga
Jesús Rodríguez de Moya
El espóiler imposible
Hace unos días, la cineasta Laura Hojman visitó el local de Orangerie en la calle Correduría con la intención de perpetuar el mismo ritual al que se había entregado en otras ocasiones: contemplar cómo las plantas y las flores se erguían orgullosas contra el ruido del mundo, vislumbrar qué nuevas variedades habían traído esa semana, comprar quizás alguno de esos ramos “tan preciosos que hacen, y que son como pequeñas obras de arte efímeras”.
Pero aquella mañana, recuerda la directora de A las mujeres de España. María Lejárraga y Un hombre libre, todo apuntaba a una mayor trascendencia: “Había unas amapolas increíbles en la cámara frigorífica y les hice unas fotos. Y de repente, miré esas imágenes y pensé que aquello era el comienzo de una película, me imaginé los títulos de crédito sobreimpresos, y una conversación de fondo. Y entonces Ana [Rojas, la encargada de Orangerie en Sevilla] me anunció que iban a cerrar pronto, y yo sentí una pena terrible por lo que este sitio significa para mí y para mucha otra gente”. A Hojman se le ocurrió entonces la idea de reunir “a amigos y conocidos del barrio” y grabar a partir de sus testimonios una pieza audiovisual que dejara constancia de la emoción con la que tantas veces peregrinaron los clientes a este pequeño edén entre la Alameda de Hércules y la calle Feria.
El martes será el último día de atención al público en Correduría, aunque este proyecto que creó Juanma González en 2021 conserva el establecimiento que tiene en Lisboa y mantendrá abierta su página web. Orangerie, que nació como una invitación a la esperanza tras los duros meses de la pandemia, buscó desde los comienzos ensanchar y redefinir el concepto de floristería. Un espíritu renovador que asomaba ya desde su nombre, que en francés alude a un invernadero acristalado que custodia cítricos, y que tradujo el amor por la botánica en asombrosas decoraciones florales para marcas como Scalpers, Cruzcampo o Spotify y acontecimientos como los Grammy Latinos que se celebraron en Sevilla.
Hojman, que ha filmado este martes y miércoles a clientes habituales de Orangerie, percibe en las maravillas que aún esperan cuando se levanta la cancela una rebelión contra “una sociedad en la que tienes que ser hiperproductivo, y están mal vistos el detenimiento, la calma, la contemplación, una belleza que vaya más allá de la utilidad. Es importante que en las ciudades haya espacio para propuestas como Orangerie”, asegura la directora, para quien adquirir flores “es una forma de cuidar, cuidar a los otros pero también a uno. Regalarlas es demostrarle amor a alguien, pero comprarlas para ti también es una forma de cuidarte”, opina.
La web de Orangerie seguirá en activo, así como la tienda que mantiene en Lisboa
Ana Rojas llegó a Orangerie Sevilla “en un momento espléndido, cuando teníamos el encargo de los Grammy Latinos”, rememora. Se encontró en Correduría “un lugar muy especial, con un mobiliario que habían hecho amigos de Juanma y donde se había recuperado una pila que utilizaba su abuela. Esa esencia familiar hizo que me sintiera en casa desde el principio”, señala Rojas sobre un hogar que también se abría al mundo. “Aquí convivían flores de Chipiona con otras que procedían de Holanda o de Sudáfrica. Traemos ejemplares que no se suelen ver, pero no olvidábamos tampoco los claveles o los crisantemos que son más reconocibles y que también nos encantan”, concluye la floristera.
Al fotógrafo Miguel Jiménez, que forma parte del equipo que ha estado grabando estos días junto a Hojman, le maravillaba acercarse a Orangerie –“un oasis en esta vida ajetreada que llevamos”– y toparse con hojas y pétalos que formaban siluetas inesperadas, “que buscaba en Google para conocer su historia”. En las flores, el artista ha hallado la inspiración –en su cuenta de Instagram se suceden hermosas estampas con este motivo– pero también un desafío, “porque hablamos de un objeto que no se va a mover, que parece esperar qué vas a hacer con él, qué luz quieres que le dé y dónde lo vas a colocar”. Jiménez se siente intrigado por “cómo va cambiando el sol del día, afecta a un ramo que tengo en una esquina del salón”, y a veces observa una planta con la curiosidad de quien sabe que descifra un enigma: “La retrato con una cámara que no he usado nunca, y descubro qué sale de ahí. Me dejo sorprender”.
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