"El año que viene no quiero ver ni una pluma"
Ignacio Guillermo Prieto se despide este año de la Centuria Macarena como capitán.
Viene de andar. Tiene que ir dándole ejercicio al cuerpo para lo que se avecina. Son 33 años como armao y diez de esos al mando. Tenía claro que se iría en mitad de el mandato de una junta. Y esta era la adecuada, además ve al teniente con la capacidad de relevarle, cuando la junta decida.
A las primeras de cambio me da el titular, con la emoción en los ojos del que ve el final de algo, "el año que viene no quiere ver ni una pluma". Y se refugiará de la pena de su primer año sin coraza lo más cercano del paso de la Esperanza que pueda.
Nunca olvidará momentos como su recogida, la visita al Gran Poder y a los Gitanos y sobre todo al hospital Virgen del Rocío donde se definen los armaos como emisarios de la Esperanza.
Detrás del Señor de la Sentencia se queda con las caras de las personas que los ven pasar. Y seguro olvidará la calle Cuna, porque cae en ese instante de la noche donde el cansancio pesa como una losa.
Deja a la junta de gobierno el tema de las mujeres en la centuria. Y en cuanto a la posibilidad de ver a los armaos en Triana me recuerda que ellos van allá donde se les solicita su presencia, aunque en su opinión me reconoce que si algún día existiera esa invitación es probable que en la basílica lo vieran bien.
Se marcha con un apretón de manos hacia la Basílica cruzando ese arco por el que aún tiene que pasar dos veces como capitán de los armaos.
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