La Soledad y Bueno Monreal
La fototeca de Martín Cartaya
Desde 1955 a 1981 presidió, sin faltar a una, las Misas de Comunión General y, tras el Concilio Vaticano II, las Funciones Principales de Instituto
Bueno Monreal y la Soledad, un binomio de largo recorrido. Desde 1955 -primera cuaresma sevillana aún como arzobispo titular de Antioquía de Pisidia y coadjutor de Sevilla con derecho a sucesión cuando fue nombrado hermano mayor honorario, siempre con el aliento en el cogote del implacable y rígido Segura-, hasta 1981, 26 años consecutivos y sin faltar ni uno, que se dice pronto, Bueno Monreal presidió, primero, las Misas de Comunión General y, tras el Concilio Vaticano II, las Funciones Principales de Instituto. Tampoco faltó a los actos señeros de la corporación soleana, como la medalla de oro a Joaquín Romero Murube (1961) o la misma distinción a José de Rueda Carrión (Función Principal de 1975).
Fidelidad a una amistad inquebrantable con Ramón Pineda Carmona que se fraguó a los pocos días de la tormentosa llegada a Sevilla del prelado aragonés, entre su morada provisional del Seminario, por entonces en San Telmo, y los desaires constantes del cardenal Segura al Bueno -adjetivo y apellido- de don José María.
(De izquierda a derecha: José de Rueda, Ramón Pineda, Paco Ponce y el cardenal Bueno Monreal)
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