Sueños esféricos
Juan Antonio Solís
El equipo que no sabe empatar
Poco a poco, el Sevilla va sumando sinergias en pro de la urgentísima conjura que debe llevarlo a lograr el primer triunfo de este año 2025 en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Enero, febrero, marzo y abril sin cantar victoria ante el sevillismo, que se dice pronto. Y aun así todavía no es la peor racha en casa en su historia. La temporada pasada estuvo hasta ocho partidos sin ganar, y dos más de Champions, en su propio feudo, con lo que fueron diez encuentros consecutivos... y se salvó con holgura. Sirva ese nefasto precedente para espantar los fantasmas, que cobrarán fuerza de pavorosa presencia si el actual Sevilla eleva la racha de partidos sin ganar hasta ocho y se mete en mayo sin romper esa concatenación tan negativa. Para ello es vital que haya una respuesta coral, desde lo colectivo... hasta lo individual.
El Sevilla-Leganés tiene carácter de partido trascendental stricto sensu. ¿Una final? Bueno, literalmente no porque luego habrá cuatro jornadas más, pero el equipo y la afición van a afrontar el encuentro como si de una final se tratase. Y la suspensión cautelar de la sanción a Lukébakio por su expulsión en Pamplona es una buena noticia que debe sumarse a ese cúmulo de pequeños destellos positivos.
También el mensaje que desde la parte más radical de la afición, Biris Norte, se mandó al sevillismo para que se aparquen las manifestaciones contra la directiva y se viva desde los prolegómenos un ambiente de auténtica final. Como las finales de mayo, tan lejos y tan cerca del Sevilla de hogaño. Suso se erigió en portavoz del equipo para un llamamiento general. Y hasta Jesús Navas se sumó con un mensaje en el que arengaba a sus compañeros -él todavía los considera así- y a los aficionados en pro de esa necesaria conjura. Pero lo fundamental será la respuesta del equipo, lógicamente. En el plano colectivo y en el individual.
El Sevilla de Joaquín Caparrós, cuyo reestreno en casa también sufrió los efectos de la pésima racha en Nervión, necesita todas las sinergias posibles. Con la cautelar de Lukébakio parece que el club se sacude algo del mal fario que lo venía acompañando, al margen del rendimiento colectivo e individual del equipo. Pero en el fútbol todo se resume finalmente a la respuesta del jugador.
En la larga racha de siete partidos sin ganar desde el 14 de diciembre -desde el último partido de Navas en Nervión precisamente- convergen defectos grupales, un déficit del sistema ofensivo que ha tenido su reflejo en la escasez goleadora del Sevilla. Pero también ha sido el equipo de García Pimienta de los que más llegadas ha generado sin que tuvieran fruto. Y ahí sí entran en juego situaciones individuales como que Lukébakio no haya marcado en casa desde el golazo que hizo al Osasuna y que significó el empate, el 2 de diciembre. De los 11 tantos que lleva esta temporada, que estaba siendo la mejor a título individual del internacional belga, sólo tres los ha hecho en Nervión: frente a Villarreal (1-2), Betis (1-0 de penalti) y Osasuna (1-1). Su último gol además fue en Vallecas (1-1) y lleva siete partidos sin marcar. ¿Responderá al acierto del club en los tribunales rompiendo esa racha?
Lukébakio está sintiendo ya la vigilancia especial de los rivales y también la presión de ser el único con gol de la plantilla prácticamente, aunque la última victoria fue gracias a un golazo de Ejuke, en San Sebastián el 9 de marzo (0-1). Desde entonces se han producido cinco derrotas y un empate.
En ambas rachas negativas no ha marcado Isaac, un futbolista que fue castigado por Caparrós en Pamplona y que frente al Leganés debe recuperar sus galones. El caso del lebrijano es especialmente hiriente. Sólo lleva tres goles, no ha marcado en el Ramón Sánchez-Pizjuán esta temporada y el último lo marcó el 16 de febrero en Valladolid. Por en medio ha habido situaciones y llegadas en las que debería haber marcado en circunstancias normales. Pero en el Sevilla de la presente campaña nada es normal. Tampoco es normal el exceso de presión sobre unos futbolistas a los que no les sobra ni la calidad ni el temple en unos momentos de zozobra y tremenda incertidumbre.
Caparrós ha hablado de mentalización, colectiva e individual. Esta semana larga también debe servirle para corregir defectos y procurar un marco táctico, no sólo anímico, que propicie lo que tanto echa en falta el sevillismo: el gol y el triunfo en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Que siete partidos sin ganar son ya demasiados...
Temas relacionados
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios