Borja Jiménez invoca la figura de Sánchez Mejías en Pino Montano

IN MEMORIAM

El diestro sevillano se encerrará en solitario en Las Ventas el 14 de junio como homenaje al polifacético matador en vísperas del centenario de la Generación del 27

Borja Jiménez: Madrid, Sevilla, Bilbao...

Borja Jiménez reta a Roca Rey

Borja Jiménez, bajo la sombra de Ignacio Sánchez Mejías. / Prensa B.J.

álvaro rodríguez del moral

Entre las paredes y los recuerdos que guardan la memoria de Ignacio; en el mismo lugar que sirvió -medió una fiesta esotérica- para que los poetas del 27 tomaran conciencia generacional... Borja Jiménez escogió la casa de Pino Montano, el hogar de los Sánchez Mejías que primero fue de Gallito, para presentar y ubicar el gesto que le llevará a encerrarse en solitario en Madrid el próximo 14 de junio in memoriam de aquel torero que se movió como pez en el agua en la efervescencia cultural de la luminosa Edad de Plata de la cultura española.

El torero había jugado con cartas de ganador confiando a Antonio García Barbeito la conducción de un acto que, inevitablemente, llevaba a la figura de personajes irrepetibles; que transportaba a otra época. El escritor de Aznalcázar, no podía ser de otra manera, comenzó recitando el Llanto de Federico García Lorca, esa hermosa elegía -seguramente la mas hermosa escrita en castellano- con la que Lorca terminó de redondear el retrato literario de Ignacio Sánchez Mejías que, de una u otra forma, iba a compartir el protagonismo con el propio Borja Jiménez. Pero Barbeito había evocado “la voz de los poetas del 27” enmarcada en las estancias de Pino Montano, esa “sagrada cena poética” que marcaría el comienzo de toda una generación literaria.

El diestro de Espartinas rodeado de los toreros presentes en la presentación de su gesto madrileño. / Prensa B.J.

Antonio Ruiz de Alda, en representación de la familia Sánchez Mejías dio la bienvenida a los presentes. Desde Bertín Osborne a Patricia del Pozo pasando por los grandes del toro con Paco Ojeda o Espartaco a la cabeza de un elenco de matadores entre los que se encontraban José Antonio Campuzano, Litri, Liria, El Tato, Dávila Miura, Marcos Sánchez Mejías o Javier Jiménez que, con su hermano Borja, mamaron el toreo desde muy chicos ligados a la casa Espartaco. El figurón de Espartinas iba a tomar la palabra como padrino y amigo de Borja evocando aquel Domingo de Resurrección de 2015 en el que se despidió del toreo después de darle la alternativa. Habló de forja, de resistencia, de cultura del esfuerzo. “Cuando sale toro estás solo...”

Y el toro era de Borja, que puso en primer plano a su familia recordando específicamente aquellos días en los que apenas toreaba. “Soñaba grande; que un día podría torear seis toros en Madrid”, señaló el torero. Alabó el papel jugado por su apoderado, Julián Guerra. “Está decisión está muy meditada; era el momento de hacerlo. Madrid me puso en el camino y sé que no es fácil pero estoy dispuesto a afrontarlo”. Le tocaba cerrar a Patricia del Pozo, la consejera de Cultura. Ya lo dijo Lorca: “el torero es la mayor riqueza cultural de España...

La elección del nombre de Sánchez Mejías para dar sentido a esta corrida, en la que Borja Jiménez estoqueará reses de Victoriano del Río y Garcigrande, no es casual. En 2027 se cumple el primer centenario de la toma de espíritu generacional de los creadores del 27 muñidos, precisamente, por Ignacio y el Ateneo de Sevilla en la conmemoración del III centenario del poeta cordobés Luis de Góngora que iba a poner fecha a su conformación como grupo literario. El nombre del mítico torero, que también fue escritor, cronista y dramaturgo, había quedado orillado inicialmente en los planes del Ministerio de Cultura para conmemorar el aniversario del 27 aunque el propio ministro, Ernest Urtasun, llegó a desdecirse admitiendo la importancia y la relevancia del polifacético matador en la cohesión de ese grupo de poetas a los que agasajó en esa misma casa de Pino Montano en diciembre de 1927.

92 años después de su trágica muerte tras la horrenda cornada de Manzanares, la figura de Ignacio -un personaje que no podría entenderse sin el caldo de cultivo en el que se movió- sigue despertando admiración e interés. El propio matador había abierto la Edad de Plata -en su vertiente taurina- sosteniendo la cabeza muerta de Joselito en la enfermería de Talavera. La iba a cerrar simbólicamente catorce años después en el traslado agónico por las tierras de La Mancha mientras la gangrena fatal trepaba por sus muslos.

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