Domingo de Laetare, la plenitud de la cuaresma en Sevilla
Las vísperas de la Semana Santa
Triana vive una jornada de gozo con el regreso de la Virgen de la Esperanza a la Capilla de los Marineros
Besamanos y besapiés en San Bernardo, la Estrella, el Valle y San Esteban
En San Juan de la Palma, la 'mudá' de los fantasmas congrega a numeros cofrades
El Buen Fin, la única cofradía que hace pública su disconformidad en el Cabildo de Toma de Horas
Triana se reencuentra con su Virgen de la Esperanza en el traslado a la parroquia de Santa Ana
This browser does not support the video element.
Cuarto domingo de cuaresma. La primavera presenta todas su credenciales. Y todos aquellos tópicos con los que suelen adornarse estas fechas. Cielo azul, sol en su esplendor, olor a azahar y una temperatura que invita a despojarse de la ropa de abrigo. La ciudad cumple con los requisitos para dejarse invadir en unas calles donde resulta muy complicado hacerse con un velador desde bien temprano. Los bares hacen su agosto en este marzo sumido en el tiempo de vísperas.
Para los cofrades, la jornada empieza bien temprano, en la Capilla Real de la Catedral con el Cabildo de Toma de Horas. La cita -de carácter totalmente diplomático y protocolario, con apenas quejas por la reordenación de la Semana Santa- acaba pronto, pero sirve para que hermanos mayores y diputados mayores de gobierno compartan el primer café en los bares cercanos al templo metropolitano. En una cafetería se juntan varias mesas para que tomen asiento una decena de dirigentes de cofradías, entre ellas, algunas del Martes Santo.
Es el inicio de un domingo teñido de rosa. Y esto último sin connotación sensiblera. Se trata del color litúrgico de la jornada, el Domingo de Laetare (para quienes gustan de los términos en latín), que supone un descanso en la severidad de la cuaresma y un anticipo de la Pascua Florida. Aunque, a decir verdad, lo que este día significa en Sevilla es un adelanto de lo que se vivirá (en el sentido de que se disfruta y se sufre a partes iguales) en sus calles dentro de dos semanas.
La espera según los barrios
La plenitud de la víspera se extiende por el centro y los antiguos arrabales. Ya sea en San Bernardo, donde el Cristo de la Salud recibe los besos de antiguos y nuevos vecinos horas antes de ser subido al paso; o en Triana, con el regreso de la Virgen de la Esperanza a la Capilla de los Marineros al concluir sus cultos en la parroquia de Santa Ana. Un traslado colmatado de público y que tras celebrarse en 2022 este domingo -hasta 2019 tenía lugar la noche del lunes posterior- se ha consolidado en dicha jornada. El nombre de Laetare (alegría) encaja a la perfección con lo que se vive a estas horas en las viejas entrañas de Triana. No hay mejor forma de concebir el gozo por lo que está por llegar.
Jornada también de funciones en la Macarena y los Gitanos (trabajo notorio el de las priostías esta semana). Y de besamanos de dolorosas (o veneraciones, vocablo heredado de la época pandémica): en San Esteban, con la Virgen de los Desamparados; en el Valle (donde se puede contemplar el recién restaurado palio); y en la Estrella (el próximo Domingo de Ramos lucirá bajo el palio que diseñó Rodríguez Ojeda).
El rosa de este domingo se mezcla con el blanco de la Amargura. Pero no el de la túnica del Señor del Silencio ni la de sus nazarenos, sino el de las fundas de las imágenes secundarias del misterio, el del Herodes, que se convierten en figuras fantasmagóricas cuando les da de lleno la luz del sol en la mudá (con rodeo incluido) desde su almacén a San Juan de la Palma. Un rito apócrifo cuando a la ciudad sólo le quedan 14 días en su calendario, el que va de Pascua a Ramos.
No hay comentarios