Tradición y vanguardia en el Cristo de las Almas de la Hermandad de los Javieres
Este crucificado huye de la dulzura neobarroca y se asienta en un carácter grave y duro
Cada vez está más consolidado en la Semana Santa sevillana como una obra distinta
El crucificado de los Javieres ya está en las andas para el Vía Crucis del Consejo
Durante el pasado otoño, en el Círculo Mercantil, la Hermandad de los Javieres, con el incombustible Manuel Jesús Roldán al frente, desplegó una interesantísima muestra pictórica con objeto de conmemorar el 75 aniversario del Cristo de las Almas, imagen que esta misma tarde preside el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla. En aquella exposición, que causó efecto e impresión entre los cofrades, se dispusieron más de sesenta obras de sesenta artistas diferentes. Todas ellas convergían en un mismo fin: aunar y ofrecer todas las interpretaciones posibles de un crucificado que, en sí mismo, es casi inclasificable.
Porque, tal y como apunta el profesor Roldán, en el Cristo de las Almas confluyen tradición y vanguardia, barroco y modernidad. Porque, aunque el Cristo de las Almas persigue interpretar el siempre heredado barroco propio de la escuela sevillana, es cierto que su factura final diverge a simple vista del naturalismo del XVII. El Cristo de las Almas rehúye de una belleza superficial y plana, de una delicadeza amiga, en suma del neobarroquismo del siglo XX; y da paso a un rostro tremendamente expresivo, rudo y áspero, en parte motivado por la propia advocación que encarna: la salvación de las Almas, un concepto esencial para conmover al fiel e inspirarle devoción.
Esta reflexión personal sobre el destino del alma humana se refleja en la ejecución mayúscula de este Cristo, uno de los más logrados de todo el siglo pasado. Es una imagen imbuida por el ideal jesuita, pero sin perder ese esquema heredado de los autores sevillanos. Y en aquella muestra del Mercantil numerosas piezas aportaron visiones radicalmente opuestas entre sí, interpretaciones varias sobre la imagen o su advocación: desde la más clásica y realista hasta la más abstracta, conceptual o vanguardista, sin que en algún momento se pierda el sentido de la exposición y lo que se conmemoraba.
Es, incluso, un crucificado de estatura relativamente baja: 168 centímetros, medidas que corresponden a esa intención originaria de ser destinado al culto interno y no al procesional. Sin embargo, en la calle también es una imagen que concentra la atención y promueve el rezo y la observación directa. Más aún sobre su paso, una obra de Guzmán Bejarano de 1957, que apenas ha sufrido modificaciones y conforma un conjunto con una atmósfera especial, diferente: los puntos de luz, los esquemas, las formas, el andar, las flores... Un conjunto logradísimo que no necesita más.
Es recurrente citar el término "descubrimiento" en estos casos, pero creemos que en esta ocasión se cumple y lo merece por su singularidad poco reconocida. La ciudad de entre dos siglos se concentra en la figura del Cristo de las Almas, que esta misma tarde saldrá a las calles para constatar y consolidar, más aún, su necesaria presencia en la Semana Santa de Sevilla.
No hay comentarios