liga de campeones

Un 'match ball' salvado (2-1)

  • El Sevilla saca adelante un partido complicado ante el Spartak y ve el panorama europeo más despejado

  • Los blancos sufrieron más de lo necesario tras haberse puesto con un 2-0

Los jugadores celebran uno de los goles. Los jugadores celebran uno de los goles.

Los jugadores celebran uno de los goles. / A. Pizarro

Paso adelante de incalculable valor para el Sevilla en la Liga de Campeones. Es la única conclusión posible después de validar el 2-1 que se registró en el acta arbitral del portugués Artur Soares Dias, aunque después se le puedan añadir todos los matices que deseen quienes quieran ver la botella medio vacía. Sobre todo tienen motivos para tirar por ese análisis a raíz del cuarto de hora que se vivió en el Ramón Sánchez-Pizjuán a raíz del gol de Ze Luis en una acción aislada, pues hasta entonces los rusos no habían creado ni una sola ocasión de peligro más allá de la falta sacada por Fernando en el primer periodo y repelida por Sergio Rico.

En los 75 minutos restantes el dominio del cuadro de Berizzo fue absoluto en casi todas las facetas del juego y sólo les faltó a los suyos un mayor acierto en el último pase e incluso en la definición, pues Nolito y Ben Yedder ya habían podido agrandar las distancias con anterioridad en sendas ocasiones diáfanas.

Pero todo eso tiene que ver con los 96 minutos de juego que se plantearon en un estadio sevillista que rozó el lleno y lo único que realmente tiene trascendencia al final es lo que refleja el marcador final. Y éste es tan claro como definitivo, el Sevilla se impuso por dos a uno, cuenta con dos puntos más que un buen rival como es este Spartak de Moscú, por mucho que haya quien intente ningunear el nivel del campeón de la liga rusa, y a partir de ahora ve algo más claro el horizonte en la Liga de Campeones. Yendo al argot tenístico, la escuadra de Berizzo no sólo salvó un match ball en la máxima competición continental, también saldó con dos triunfos, tres si se suma la victoria copera en Cartagena, una semana en la que las borrascas se habían impuesto al anticiclón que se padece permanentemente por nuestras tierras.

Eso es lo que tiene que ver, por tanto, con los datos objetivos, con los que no admiten la más mínima discusión. Ahora llega el momento de diseccionar lo que tuvo lugar sobre el césped de un Ramón Sánchez-Pizjuán engalanado para este tipo de fiestas balompédicas que le son tan habituales en los tres últimos años. Y en esa parcela lo primero que llama muchísimo la atención es que Berizzo sólo introdujo cuatro piezas de refresco respecto a la alineación inicial que arrancara en el choque contra el Leganés y uno de ellos era el guardameta, que tampoco cuenta mucho a la hora de refrescar las piernas. Además de Sergio Rico, las novedades eran Mercado, Banega y Nolito, que sí jugó la mayor parte del encuentro el sábado por la temprana lesión de Correa.

Primera conclusión, por tanto. El actual inquilino del banquillo sevillista es un hombre de palabra y lo que dice lo cumple, algo que también se corroboró con la presencia, otra vez juntos, de N’Zonzi y Pizarro en el eje del centro del campo. Sin embargo, ahí sí existe un matiz de trascendencia y es que el francés rara vez estuvo en línea con el argentino, ni siquiera le dio excesivos relevos en las zonas más atrasadas, lo que quiere decir que el gigante se movió por zonas mucho más adelantadas en esta ocasión.

Sobre todo lo hizo para apoyar la presión arriba que ordenó Berizzo a los suyos con el apoyo de un campo que, otra vez, impedía una circulación rápida de la pelota. Era, como el día del Leganés, un césped pastoso que ralentizaba las conducciones y que impedía que el balón se moviera con velocidad. ¿Decisión del técnico sevillista para evitar los contragolpes del Spartak? Es posible que así sea, aunque también pudiera tener que ver con la reciente resiembra del césped. Sea lo que sea, es verdad que era una circunstancia favorable a los anfitriones cuando éstos tenían que apretar para buscar la ventaja en el marcador, pero también se les ponía en contra cuando, ya con 1-0 y 2-0, tenían la posibilidad de aprovechar ellos los errores del rival para sentenciar con salidas en superioridad numérica.

Lo cierto, de cualquier manera, es que el planteamiento de Berizzo sí sirvió para atosigar a un Spartak que sufría para salir con la pelota desde atrás. El Sevilla era valiente en la presión y robaba muchas veces muy arriba gracias a Sarabia, Nolito, Banega y al paso adelante que daba N’Zonzi, que casi se incrustaba en esa línea de tres que estaba por detrás de Ben Yedder para que tuviera cuatro piezas en la búsqueda de la recuperación. Pero también Pizarro era valiente en ese sentido y los blancos volvían a tener la pelota con prontitud. Hasta los dos laterales colaboraban en eso.

Esa osadía de los nervionenses se tradujo en una ocasión a los tres minutos, cuando Sarabia recuperó y Banega disparó cruzado con muchas posibilidades para haber anotado el primero. También Nolito pudo hacerlo en un mal golpeo. Pero no fue así y el Sevilla, como en Moscú, tenía reservada una sorpresa. Porque marcó un gol tras un saque de esquina en un cabezazo de Lenglet, algo que no es demasiado habitual en este equipo. A partir de ahí vendría una fase de dudas, de no saber qué hacer con el balón, hasta que el descanso llegó y fue bien recibido.

Berizzo pudo ordenar las ideas, decirle a los suyos que no se complicaran a la hora de conceder contras innecesarias, particularmente en los córners. El Sevilla ya pudo anotar el 2-0 en una jugada típica de Nolito en la que fue perfilándose hasta el disparo. Y en una contra a la hora de juego sí funcionó el juego de toque de los blancos desde su propia zona. El balón pasó por Nolito, N’Zonzi, Ben Yedder y Sarabia hasta que Banega lo mandó a la escuadra.

Debía haber sido la sentencia, pero los problemas físicos aparecieron, los sustitutos empeoraron a los titulares y el Sevilla sufrió más de la cuenta tras el gol de Ze Luis. La nerviosera fue demasiado evidente, pero el marcador no se movió más. 2-1, match ball salvado por Berizzo y los suyos y mejor ver la botella medio llena.

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