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El 'Euromillón' que se fue para Nervión

El derbi europeo · el otro partido

La fiesta fue rojiblanca tras remontar en los penaltis con los dos últimos fallos béticos Europa conoció el derbi según Sevilla.

Foto: A.Pizarro/Manuel Gomez
Samuel Silva / Sevilla

21 de marzo 2014 - 05:02

No era una noche normal y no sólo la llegada horas antes de la primavera alteró el pulso de Heliópolis. En los aledaños ya se respiraba un ambiente especial, con el primer derbi europeo, que celebraba su segundo y definitivo capítulo. El graderío ya aparecía repleto mientras los equipos calentaban, nadie quería perderse un detalle de un partido que se decidiría por los mismos. Y tanto. Diez lanzamientos desde los 11 metros decantarían el ganador tras un encuentro en el que Europa conoció cómo se vive un partido en la ciudad hispalense y con un Sevilla que se llevó el Euromillón hasta Nervión.

Con los 3.000 sevillistas dejándose notar, el campo casi al completo entonó el himno del Betis justo antes de que los equipos saltaran al césped, en una muestra del beticismo hacia su vecino de que ellos también acudían dispuestos a dejarse la garganta por su equipo. La lesión de Perquis -verdaderamente para creer en algo más que la mala suerte- trastocó los planes de Calderón, a quien no le dio tiempo de reestructurar su equipo antes de que Reyes, quién si no en un partido de máxima rivalidad, llevase la alegría a la parte sevillista con un toque sutil marca de la casa.

Pero era un partido de tensión y eso se notaba tanto en los protagonistas como en la grada. Si la parte roja del Benito Villamarín creía en los suyos y en la remontada, la verdiblanca que poblaba el estadio casi al completo no desfallecía, en un intento de convertirse en ese jugador extra que parecía necesitar sobre el césped.

La grada protestó unas posibles manos de Figueiras, pero Pedro Proença, un árbitro con el sello UEFA, mandó continuar el juego; en clave sevillista, el dominio del balón era absoluto, aunque tampoco con demasiada claridad cuando se llegaba a terreno verdiblanco.

El arreón bético nada más salir de la caseta provocó la reacción de la grada, que vibró con esos minutos en los que Leo Baptistao dispuso de hasta tres ocasiones; pero el alegrón sería nuevamente rojiblanco, cuando Bacca colocó el 0-2. 16 minutos por delante para una eliminatoria que comenzaba de nuevo tras ese arranque de orgullo de los de Nervión, que llevó la locura a los suyos.

La intensidad iba en aumento. Cada ataque sevillista llevaba el grito de los suyos y los pitos béticos; al revés, lo mismo. Y los corazones tendrían que aguantar un tiempo extra en el que los aficionados dieron el último aliento a unos jugadores que lo dejaron todo sobre el campo. Pero llegó la hora de los penaltis y ahí, en la lotería, el caramelo fue para un Sevilla que remontó en la tanda.

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