Trastorno afectivo estacional: Esta es la tristeza que tenemos después de tantos días de lluvia

Es un factor relacionado con la llegada del otoño y una disminución de la luz solar

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Persona bajo la lluvia / Pexels

Después de tantos días de lluvia, nos sentimos muy tristes. No es casualidad y la ciencia le ha puesto un nombre. Se trata de un trastorno que tenemos casi todas las personas y se relaciona con el tiempo, sobre todo, con el malo. Como ya sabemos la falta de luz, provoca un descenso tanto de la serotonina como de la dopamina y, sin embargo, se eleva la melatonina.

Esto provoca apatía, tristeza, desmotivación, cansancio, falta de sueño, entre otros. Estas son las consecuencias que se perciben por no recibir el sol durante muchos días seguidos. Una de las medidas que se deben tomar para que el trastorno sea más liviano es aprovechar las horas de la mañana y la claridad que hay abrirendo las ventanas y tener horarios compatibles con los ritmos circadianos.

Aunque puede afectar a personas de cualquier edad, es más frecuente en adultos jóvenes y en mujeres. Este trastorno no debe confundirse con la tristeza ocasional asociada al mal clima, ya que sus efectos pueden ser profundos y afectar de manera significativa la vida diaria de quien lo padece.

La principal causa del trastorno afectivo estacional está relacionada con la disminución de la luz solar durante los meses de invierno. La reducción de la exposición a la luz natural puede alterar el reloj biológico del organismo, conocido como ritmo circadiano, lo que a su vez influye en la producción de ciertas sustancias químicas del cerebro. Entre ellas se encuentran la serotonina, un neurotransmisor vinculado al bienestar emocional, y la melatonina, hormona que regula el sueño. Cuando estos niveles se desequilibran, pueden aparecer síntomas como tristeza persistente, fatiga, falta de energía, dificultad para concentrarse y pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras.

Además de los síntomas emocionales, el TAE también puede manifestarse a nivel físico. Muchas personas experimentan un aumento del apetito, especialmente por alimentos ricos en carbohidratos, lo que puede provocar aumento de peso. También son comunes los trastornos del sueño, como dormir en exceso, así como una sensación constante de cansancio. En algunos casos, estos síntomas pueden interferir con el desempeño laboral, académico y social, afectando la calidad de vida de forma considerable.

Aunque el tipo más conocido del trastorno afectivo estacional es el invernal, también existe una forma menos frecuente que aparece en primavera o verano. En estos casos, los síntomas pueden incluir insomnio, pérdida de apetito, irritabilidad y ansiedad, lo que demuestra que el TAE no se limita únicamente a la falta de luz solar, sino que también puede estar relacionado con otros factores ambientales y biológicos.

El tratamiento del trastorno afectivo estacional suele ser efectivo y puede incluir diversas estrategias. Una de las más utilizadas es la fototerapia, que consiste en la exposición diaria a una luz artificial intensa que imita la luz natural del sol. También pueden recomendarse la psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual, y en algunos casos el uso de medicamentos antidepresivos. Además, mantener hábitos saludables como realizar actividad física, seguir una alimentación equilibrada y aprovechar al máximo la luz natural puede ayudar a reducir los síntomas.

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