Caminar cuando parecía imposible
Innovación y obra social
El innovador exoesqueleto pediátrico del Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin cumple cuatro meses mostrando avances clínicos y funcionales en sus cinco primeros pacientes
El 'milagro' de Arbel: caminar gracias al exoesqueleto del Centro de Estimulación Precoz del Buen Fin
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Rubio y de ojos azules, el pequeño Pepe Vargas tiene un rostro angelical y una mirada penetrante, pero, sobre todo, una sonrisa que te engancha a sus sólo cinco años. Se mira las piernas con intriga e impaciencia mientras las fisioterapeutas le ajustan las cinchas de una especie de robot que, aunque ahora él lo vea como un juego, le está cambiando la vida. Hoy toca ponerse el exoesqueleto Atlas 2030. "¡Pepe, se va a activar!", avisan las profesionales. Y de repente, el pequeño comienza a caminar. Su sonrisa se mezcla con la concentración y sus manos se aferran a los apoyos, mientras sus pies sienten un impulso que en su vida diaria, postrado en una silla de ruedas, no percibe.
Para Pepe, cada paso es un descubrimiento, un instante de autonomía que no conoce fuera de esta máquina, y, para su padre, un pequeño milagro cotidiano. "Verlo de pie y moverse por sí mismo, aunque sea asistido, nos llena de alegría y esperanza", dice Pedro, con la voz entrecortada por la emoción. "Antes dependía totalmente de la silla de ruedas. Ahora, aunque sea por segundos, es él quien decide hacia dónde va", apostilla.
La emoción de ese primer paso asistido, de esa autonomía momentánea, llena la sala del Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin, en la calle San Vicente. La innovadora tecnología llegó el pasado mes de septiembre"para quedarse" y, apenas cuatro meses después, ya permite hacer balance de una experiencia que ha obrado casi el milagro en sus primeros cinco usuarios y en sus familias.
Cómo funciona el exoesqueleto, paso a paso
El Atlas 2030 no es un juguete ni una herramienta de recreo. Es un exoesqueleto pediátrico desarrollado por la empresa Marsi Bionics, diseñado para ayudar a niños con movilidad reducida, como aquellos con parálisis cerebral, atrofia muscular espinal o dificultades de equilibrio severas. El dispositivo se coloca sobre el cuerpo del niño mediante un sistema de cinchas que sujeta hombros, tronco, cintura y piernas, y cada ajuste tiene un propósito: guiar los movimientos de cadera, rodilla y tobillo con precisión, manteniendo seguridad y alineación postural.
El funcionamiento del exoesqueleto combina asistencia mecánica y aprendizaje motor. En las primeras sesiones, el Atlas realiza los movimientos de manera completamente automatizada, llevando las piernas por la trayectoria correcta de la marcha, sin que el niño tenga que activar sus músculos de forma consciente. Esto le permite sentir la posición vertical y coordinar sus extremidades, algo que para muchos de ellos es imposible de lograr por sí solos. Poco a poco, el dispositivo pasa a un modo activo-asistido: el motor inicia el movimiento, y el niño lo completa con su propio esfuerzo. Cada paso realizado activa circuitos neuronales, fortalece la musculatura y genera memoria motora. Es como si el cuerpo y el cerebro volvieran a aprender a caminar, paso a paso, repetición tras repetición.
Cada sesión se organiza con precisión. Primero, se ajustan todos los elementos del exoesqueleto: longitud de piernas, altura de cintura, fuerza de los motores y rigidez de las articulaciones. Luego se inicia la marcha automatizada, y los terapeutas registran parámetros como número de pasos, rango de movimiento, fuerza aplicada y tiempo de apoyo sobre cada pierna. A medida que el niño gana fuerza y coordinación, se incrementa la participación activa, se añaden ejercicios de marcha atrás, cambios de velocidad y variaciones de inclinación, siempre manteniendo un seguimiento cercano para garantizar seguridad y eficacia.
Todo esto se anota cuidadosamente para adaptar cada sesión y monitorizar la evolución. El aparato no sólo trabaja la fuerza y coordinación de las piernas, sino que permite a los terapeutas liberar sus manos para atender cuello, tronco y manipulación, integrando la terapia motora con la cognitiva y emocional. Se pueden añadir ejercicios de marcha atrás, cambios de velocidad, inclinaciones y otros retos, midiendo parámetros como número de pasos, rango de movimiento, resistencia aplicada y esfuerzo del niño.
El dispositivo está diseñado para acompañar el movimiento natural de las piernas, desde la cadera hasta el pie, y puede ajustar la resistencia según la fuerza y coordinación del niño. Con un rango de hasta 35 kilos y un tamaño específico de pie y altura, el exoesqueleto adapta sus motores y cinchas para garantizar seguridad y eficacia, evitando sobrecargas o movimientos involuntarios.
"El aparato invita al cerebro a enviar la orden que normalmente no podría mandar al cuerpo. Con cada repetición, el niño va anticipando el movimiento, hasta que empieza a acompañar la marcha de forma activa", explica Irene Gago, fisioterapeuta del centro. "El niño termina completando el movimiento, casi como si aprendiera a caminar de nuevo, y lo hace de manera autónoma cuando está preparado", añade la terapeuta y logopeda del centro, Nieves López.
Para los padres, los resultados son visibles no sólo en el plano físico, sino también en la motivación y la autonomía de sus hijos. Pedro explica que Pepe ahora tiene confianza para intentar levantarse por sí mismo, y que su actitud durante la terapia se refleja en casa. "Se siente más seguro, más activo, y hasta juega de otra manera. Está orgulloso de lo que consigue", afirma. Añade que los avances más pequeños son los que más emocionan. "Un par de segundos más de pie, una zancada más coordinada, o incluso el simple hecho de mirar al frente mientras camina".
Un centro con historia y corazón
El Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin lleva más de 40 años ofreciendo atención temprana a niños con necesidades especiales. Nacido en 1982 por iniciativa de un diputado de caridad y neurólogo, comenzó en una pequeña sala capitular atendiendo a apenas unos pocos niños. Hoy, en un antiguo convento cedido por los frailes de San Buenaventura, lo que comenzó con dos terapeutas voluntarias y apenas unos pocos niños, cuenta con 16 salas y 23 terapeutas y atiende a más de 400 niños, de 0 a 6 años a través de un concierto con la Junta de Andalucía, y mayores gracias a becas especiales.
El centro combina tradición y modernidad, uniendo la larga trayectoria de la hermandad sevillana con las últimas herramientas de rehabilitación. El Atlas 2030 es un ejemplo perfecto. El hermano mayor de la Hermandad del Buen Fin, Carlos Pérez Rodríguez, subraya que la llegada del exoesqueleto Atlas 2030 al centro supone un hito no sólo para la entidad, sino para la ciudad. "Este es el primer exoesqueleto pediátrico de este tipo que llega a Sevilla. En la sanidad pública andaluza, a día de hoy, no hay ninguno", explica. Se trata de una tecnología desarrollada por una empresa madrileña y aún muy poco extendida en el sistema público, lo que convierte su implantación en el centro en un paso decisivo hacia una atención más avanzada y equitativa para los niños con movilidad reducida.
El hermano mayor recalca además que el exoesqueleto ha llegado al Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin gracias a una donación íntegra. "El coste era tan elevado que para nosotros era imposible asumirlo. Nos planteamos buscar varias empresas o pequeñas aportaciones, pero tuvimos la suerte de encontrar a una persona caritativa y muy altruista que, cuando le hablamos del proyecto, aportó toda la cantidad necesaria", relata.
La donación se realizó incluso antes de conocer las instalaciones, movida únicamente por la confianza en la labor del centro. "Cuando vino a verlo, le pregunté por qué había hecho esa aportación sin conocer el centro, y me dijo que había preguntado a varios hermanos mayores de Sevilla. Todos le dijeron que esta era la mejor obra social que había", recuerda Carlos Pérez Rodríguez.
Para Carlos Pérez Rodríguez, la existencia y el crecimiento del centro forman parte natural del sentido de la hermandad. "Siempre se dice que las hermandades se sostienen sobre tres pilares: formación, culto y caridad. Creo que el Buen Fin acertó plenamente con su apuesta por la caridad", afirma. "Ahora es fácil verlo con estas instalaciones y con el centro funcionando, pero hay que ponerse en la piel de aquellos benditos locos que, hace más de 40 años, dijeron vamos para adelante", añade.
Finalmente, el hermano mayor reivindica el carácter abierto y social del centro, que funciona "como un centro de salud", de ocho de la mañana a nueve de la noche, sin interrupción. "Aquí nadie paga en la atención temprana. Los niños vienen derivados por la Junta de Andalucía y reciben su tratamiento de manera gratuita", señala. Y concluye con una reflexión que resume el espíritu del Buen Fin. "Para mí, el centro no va al lado de la hermandad. El centro es la hermandad".
El exoesqueleto Atlas 2030 en el Buen Fin no sólo representa innovación tecnológica; simboliza esperanza, autonomía y transformación. Para Pepe, es caminar por primera vez. Para su familia, es ver un futuro con posibilidades. Para los terapeutas, es una herramienta que potencia la labor clínica y abre caminos para nuevos avances. Y para Sevilla, es un recordatorio de que la tecnología y la caridad pueden unirse para cambiar vidas, paso a paso.
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