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Morante, pensativo, la tarde de su reaparición en la plaza de toros de Melilla. / EFE

EL título de la célebre marcha procesional de Alfonso Lozano sirve para resumir perfectamente el hilo conductor de la temporada de Morante de la Puebla en un año iniciado con su ansiada reaparición que iba a concluir, paradójicamente, con esa inesperada e incierta retirada, escenificada en el centro del ruedo de Las Ventas al desprenderse la castañeta en medio de una impresionante emoción compartida. Aquella tarde madrileña, la del 12 de octubre, también había servido de compendio exacto de esa sangre, de la gloria de una campaña inolvidable que sublimó el papel histórico del diestro de La Puebla hasta el punto de eclipsar a todo el escalafón de matadores.

El propio Morante, que soporta una indisimulada presión de las empresas, ha admitido que se encuentra deshojando la margarita de una reaparición que no sería tal si decidiera retomar el hilo de sus actuaciones en primavera. Parece mucho más factible que esa hipotética vuelta pueda producirse con el verano vencido. Pero no es ése el tema que nos ocupa ahora -hablaremos de ello en el próximo Repaso- sino recordar el hilo conductor de la última campaña que inició -después de aplazarse primero y suspenderse después en Olivenza- dando una de cal y otra de arena en la plaza de Almendralejo.

El diestro de La Puebla, no se olvide, estaba saliendo del túnel del trastorno disociativo que padece desde su juventud, recrudecido con virulencia entre los años 2023 y 2024, sufridos y vividos entre idas y venidas. Todo estaba por ver y las dudas persistían pero, más allá de su paso por Castellón o el ruedo menor de Moralzarzal, donde cortó dos aclamadas orejas, estaba el fielato maestrante en el que había firmado cuatro pases primaverales. Iba a ser una Feria triunfal para el diestro choquero David de Miranda al abrir la única Puerta del Príncipe pero el ciclo iba a llevar el sello intrasferible de Morante desde su incomprendida sinfonía del Domingo de Resurrección hasta que encontró el eco definitivo en la tarde del primero de mayo. Fue en el cartel más rematado de la Feria, lanceando a una mano a su segundo ejemplar de Domingo Hernández.

Era el más hermoso prólogo de una faena convertida en una intensa tormenta de entrega, genialidad y valor que culminó volcándose con la espada y desplantándose con majeza de elegido. Las dos orejas fueron gozadas, aclamadas, sentidas... El diestro de La Puebla, desde ese momento, ya no se iba a bajar de esas cumbres: en su tercer compromiso, el Lunes de Alumbrado, con los toros de Matilla y en un cartel de componendas, el genio iba a seguir marcando distancias con sus compañeros de terna dando una auténtica lección de torería natural, valor sostenido y personalidad diferenciada. Aún no se había conformado e iba a redondear su paso por el coso del Baratillo dictando otra hermosa lección el Viernes de Farolillos. José Antonio estuvo sembrado, construyendo una hermosa y evocadora faena dictada a los sones de Suspiros de España que se iba a convertir en un maravilloso puente entre dos épocas que nos transportó a la yema de los años veinte, a la flor de la Edad de Plata, a la apoteosis del Regionalismo...

ESTADÍSTICAS 2025

Morante de la Puebla ha toreado 50 corridas en la temporada 2025 que le colocan en el quinto puesto del escalafón. Ha lidiado 102 reses a las que ha cortado un total de 56 orejas y 3 rabos. 17 faenas fueron premiadas con el doble trofeo.

Desde ese mismo momento había sentenciado el nivel de una temporada marcada por la ecuación de valor, capacidad, entrega, compromiso y, por supuesto, esa capacidad de expresión, el compendio de tantas tauromaquias reactualizadas, que le hizo volar tan alto. Llegaron los rabos de Jerez, Salamanca y Marbella; la salida a hombros de Madrid -la primera de su vida como matador- y Pamplona y la constatación de vivir una auténtica excepcionalidad.

Pero ese valor descarnado, la indeclinable entrega delante de las reses empezó a avisar que tenía un precio. Ya había sido alcanzado en Marbella y El Puerto -escenario del pique con Roca Rey- pero no sería perdonado en Pontevedra el día 10 de agosto. En esa fecha se partía en dos una temporada que ya llevaba su nombre. La recuperación se iba a complicar y después de varios intentos reaparecería sin sanar del todo el 3 de septiembre en Melilla aunque, obligado a parar de nuevo, no recuperaría la normalidad hasta el 19 de septiembre en Salamanca.

Se iniciaba así el último tramo de una temporada que ya estaba hecha. El genio cigarrero, entre otras plazas, aún tenía que pisar los ruedos de Logroño o Salamanca pero en su agenda destacaban los compromisos de Sevilla por San Miguel -malogrado por el juego de los toros- y el doble pase madrileño del día del Pilar con el festival matinal en honra y recuerdo a Antoñete y esa corrida vespertina, resuelta a sangre y fuego, destinada a quedar escrita en la historia.

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