Sevilla se prepara para la Semana Santa de 2023
El Palquillo
Aún no ha despuntado el azahar. Aunque tras los días de lluvia con los primeros rayos de sol las calles tendrán el olor dulzón de la flor de los naranjos mezclados con el humo del incienso que escapa de las ventanas de muchas casas. En la plaza de San Francisco la estructura metálica de los palcos comienza a tomar forma y se por las calles cada vez es mayor el trasiego de personas con capirotes, de cartón (cada vez menos) o de rejillas más o menos metidos en bolsas.
Los carteles con nazarenos copan los escaparates de las tintorerías donde se anuncian que se limpian túnicas y en las casas de hermandad el reparto de papeletas de sitio es la excusa perfecta para reencontrar a viejos amigos del barrio y acabar en el bar de toda la vida recordando otros tiempos en los que las hermandades eran diferentes, ni mejores ni peores. Simplemente distintas.
Los ensayos de costaleros se multiplican y es raro no encontrarse con algunas mudás. Las hermandades y asociaciones organizan cursos de palmas rizadas. Las torrijas protagonizan meriendas de cafés y sobremesa después de unos buenos platos de espinacas con garbanzos o bacalao en cualquiera de sus variantes gastronómicas.
Menos románticas pero más prácticas son otras señales que indican la llegada de la Semana Santa. Las negociaciones para el plan de seguridad con la entrada en vigor de la ley seca de la Madrugada media hora más tarde o los encuentros para perfilar los últimos flecos de los itinerarios de algunas hermandades.
Y más relacionado con la señalética que con los signos previos de esta larga víspera que es la cuaresma, los carteles que el Ayuntamiento coloca en determinados puntos para desaconsejar el uso de las sillas portátiles por el Plan de Movilidad de Semana Santa. En la Plaza de Pilatos ya se pueden ver, 26 días antes de Semana Santa.
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